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Acerca
de Federico García Lorca:
Un
par de semanas antes de su muerte, Federico García Lorca tuvo una
pesadilla que lo horrorizó. Había soñado que un grupo de mujeres
ataviadas con velos oscuros lo amenazaban con crucifijos negros. Eran
los primeros días de la insurrección de Franco contra la República
Española y en todas partes se empezaban a conocer las atrocidades que
estaban cometiendo los falangistas en los sitios que habían
conquistado. Ya los fusilados sin juicio y los torturados hasta morir se
contaban por miles. Granada, la patria chica del poeta, en donde se había
recluido Federico para escapar de las convulsiones políticas que conmovían
Madrid, estaba bajo el control de la Falange. Durante los primeros días
de agosto de 1936, una patrulla falangista había requisado en dos
oportunidades la Huerta de San Vicente, que pertenecía a la familia del
poeta, buscando una inexistente "radio clandestina que permite al
degenerado homosexual Federico García Lorca comunicarse con Moscú".
A pesar de que desarmaron hasta el piano y no encontraron nada que
incriminase a García Lorca, en represalia se llevaron detenido al
casero y lo torturaron salvajemente. No se trataba sólo de una guerra
civil más: había comenzado una cruzada religiosa fanática, alimentada
por el odio y una crueldad sin límites.
Símbolo de la
España republicana y progresista
El libro "Sueño de una vida", la nueva biografía escrita por
Leslie Stainton, relata que a comienzos de 1936, el escritor -que estaba
por cumplir 38 años- ya se había convertido en el símbolo de la España
republicana y progresista: por su obra innovadora, por la popularidad
que había alcanzado, porque cada estreno suyo se convertía en un campo
de batalla ideológico y por su estilo de vida, demasiado desprejuiciado
para conservadores que añoraban la Edad Media. Stainton consultó un
centenar de cartas a las que hasta ahora no habían podido acceder sus
otros biógrafos (debido, especialmente, al explícito contenido sexual
de las mismas), y obtuvo importante información nueva en entrevistas
con decenas de conocidos del poeta que le contaron cosas que antes habían
callado. El Lorca que aparece en esta nueva biografía no se opone al
esbozado en mil otros retratos, pero ahora se comprende mejor la gran
importancia que tuvo para su obra (y en especial para sus trabajos más
innovadores) su progresiva aceptación de su homosexualidad (que llegó
a un desenfadado orgullo en sus años finales). También permite
comprender mejor la importancia capital que tuvieron los viajes a América
que realizó durante la última década de su vida.
De pequeño aprendió a ejecutar en el piano las obras más complejas:
ya en su primera juventud maravilló con sus conciertos hasta a los músicos
más exigentes, como Manuel de Falla, que llegaría a ser su amigo.
Aunque escribía versos desde que aprendió las primeras letras, le llevó
casi 20 años descubrir que la poesía era su destino. En 1920 ingresó
a la Residencia de Estudiantes de Madrid, allí conoció y se hizo amigo
de dos de los más grandes artistas españoles de su época: Salvador
Dalí (que también fue uno de sus primeros amantes) y Luis Buñuel. A
los 20 años ya no podía negar que le atraían los hombres
exclusivamente, pero todavía no sabía cómo sobrevivir al desprecio de
la mayoría: por entonces en los países latinos, pero especialmente en
España, los grupos religiosos habían impuesto la idea de que la
homosexualidad era algo horrible y extraño a lo humano. Sin embargo, la
hipocresía que veía a su alrededor le exasperaba más que el tener que
ocultar sus deseos: la mayoría de sus compañeros de la Residencia tenían
habitualmente relaciones homosexuales, pero las "disculpaban"
como una "fase de su vida que superarían".
Destape
emocional, sexual y existencial
A diferencia de Dalí, la homosexualidad fue el tema central de la vida
y del arte de García Lorca. Esto lo entienden mejor los biógrafos del
poeta granadino que los críticos literarios, para los cuales la
sexualidad de Lorca es algo externo a la obra. Su poesía está tan
ligada a su sexualidad que su liberación erótica antecede -y es causa-
del increíble salto hacia adelante que experimenta su obra. Cuando
Lorca va a Nueva York y a Cuba, ha publicado ya una obra maestra, el
Romancero gitano, pero casi todo lo demás que había escrito hasta
entonces estaba muy lejos de esa cima. En los Estados Unidos y en Cuba,
Lorca experimenta un destape emocional, sexual y existencial que lo
transforma, todos sus amigos coinciden en que Lorca vuelve completamente
cambiado: de aspecto, de carácter y también cambiada su escritura. Ya
no oculta sus conquistas masculinas o apenas sí lo hace: sus amigos lo
encuentran en su departamento desnudo junto a otro joven -el poeta Luis
Cernuda, - y "riendo les dice que estaban practicando lucha
griega". Ha comenzado a escribir las que serán sus mejores obras,
tanto en teatro como en poesía; sobre todo el que él mismo consideraba
su mejor poema: "Oda a Walt Whitman".
Tras este destape también escribe su obra teatral más vanguardista,
que no pudo ser estrenada sino más de cuatro décadas después de la
muerte del poeta y todavía entonces desató polémicas: se trata de
"El público", cuyo tema también es la homosexualidad y el
doloroso juego de máscaras en que se convierte la vida cuando está
dominada por la hipocresía. Lorca es cada vez más estéticamente
osado: se adelanta dos décadas al teatro del absurdo, a Beckett, a
Pinter. A la vuelta de su primer viaje comienza a escribir las obras
teatrales que le ganarán una popularidad estruendosa: "La casa de
Bernarda Alba?, "Bodas de sangre" y, sobre todo,
"Yerma" (la más polémica, la más amada y la más
vilipendiada, la más compleja, la que le valió elogios de Dalí - y de
la mayoría de los artistas de Europa). También escribe, pero no logra
ver estrenada, "Doña Rosita, la soltera". A mediados de los años
20 había logrado el reconocimiento por "Romancero Gitano". La
crítica y el público madrileños lo habían reverenciado por ese
libro: gracias a él conoció por primera vez la popularidad. A pesar de
que ya había empezado a ser reconocido antes de viajar a Buenos Aires,
fue en la capital de Argentina que García Lorca encontró su apoteosis.
El poeta del cante jondo, el que había escrito "Poeta en Nueva
York", el artista que había dicho que tras el respeto mojigato
hacia el arte se escondía la hipocresía ("los sonetos de
Shakespeare, las obras de Miguel Angel o de Leonardo, lo que de más
sublime tiene del arte de Occidente no se puede entender ni disfrutar si
no se reconoce primero que es el fruto del amor entre varones; por eso
siento que se odia al arte cuando se finge alabarlo al mismo tiempo que
se vilipendia ese amor sublime").
"¿Estaré
condenado?"
Uno de los artistas más interesantes que dio España en los últimos
dos siglos fue apresado por una patrulla de falangistas en agosto de
1936. Federico García Lorca fue arrastrado a su muerte a golpes: fue
arrojado rodando por las escaleras de la casa en la que se había
refugiado. Sus captores llevaban cruces colgando del pecho y rosarios en
sus bolsillos. Eran las cruces negras de la pesadilla del poeta. Cuando
la dueña de casa le preguntó al grupo cuál era el motivo del arresto,
uno de ellos contestó: "Sus obras". Al principio se lo encerró
en el edificio del Gobierno Civil, en el centro de Granada. Pero unos días
más tarde se lo sacó de allí: fue el 18 o 19 de agosto -aún hoy se
desconoce la fecha exacta-. Se sabe que salió alrededor de las tres de
la mañana. Iba esposado junto a otro hombre, un maestro del pueblo que
acababan de apresar. Con una custodia de cinco hombres, los dos
detenidos fueron llevados a unos 10 kilómetros de la ciudad, a las
colinas de la Sierra Nevada.
Era una noche sin luna. El auto en que viajaban se detuvo en una
construcción que se había transformado en un puesto falangista. Uno de
los guardias los llevó junto a otros dos detenidos. Al principio les
mintió: les dijo que al otro día serían enviados a pavimentar una
ruta. García Lorca entró en confianza con un joven guardia. Entonces
el joven falangista se quebró y les contó que los iban a fusilar de un
momento a otro. Lorca quedó tan aturdido como si le hubiesen dado un
golpe fuerte en la cabeza. Trató de rezar una plegaria, pero no pudo.
"Mi madre me las enseñó todas, ¿sabes?- dijo al guardia - y
ahora las he olvidado." Ahí rompió a llorar y entre lágrimas
agregó: "¿Estaré condenado?". Fue lo último que dijo. Poco
después, junto a una hilera de olivos, hablaron las balas. Se le enterró
en una de las tantas fosas comunes que hay en el camino que va de Víznar
a Alfacar. Su cuerpo nunca fue encontrado. El 19 de agosto de 1937,
exactamente un año más tarde, su amor de los últimos años, el ventiañero
Rafael Rodríguez Rapún, murió luchando por la República cerca de
Santander.
Daniel
Molina, naciongay.com
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Federico García Lorca y Luis Buñuel |
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CANCIÓN
NOVÍSIMA DE LOS GATOS
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Poema
inédito, conocido en 1986
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Hace
poco más de diecisiete años,
en 1986, se descubrió este bello poema inédito dedicado por el poeta a
los gatos:
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Canción
novísima de los gatos
Mefistófeles
casero
está tumbado al sol.
Es un gato elegante con gesto de león,
bien educado y bueno,
si bien algo burlón.
Es muy músico; entiende
a Debussy, más no
le gusta Beethoven.
Mi gato paseó
de noche en el teclado,
¡Oh, que satisfacción
de su alma! Debussy
fue un gato filarmónico en su vida anterior.
Este genial francés comprendió la belleza
del acorde gatuno sobre el teclado. Son
acordes modernos de agua turbia de sombra
(yo gato lo entiendo).
Irritan al burgués: ¡Admirable misión!
Francia admira a los gatos. Verlaine fue casi un gato
feo y semicatólico, huraño y juguetón,
que mayaba celeste a una luna invisible,
lamido (?) por las moscas y quemado de alcohol.
Francia quiere a los gatos como España al torero.
Como Rusia a la noche, como China al dragón.
El gato es inquietante, no es de este mundo. Tiene
el enorme prestigio de haber sido ya Dios.
¿Habéis notado cuando nos mira soñoliento?
Parece que nos dice: la vida es sucesión
de ritmos sexuales. Sexo tiene la luz,
sexo tiene la estrella, sexo tiene la flor.
Y mira derramando su alma verde en la sombra.
Nosotros vemos todos detrás al gran cabrón.
Su espíritu es andrógino de sexos ya marchitos,
languidez femenina y vibrar de varón,
un espíritu raro de inocencia y lujuria,
vejez y juventud casadas con amor.
Son Felipes segundos dogmáticos y altivos,
odian por fiel al perro, por servil al ratón,
admiten las caricias con gesto distinguido
y nos miran con aire sereno y superior.
Me parecen maestros de alta melancolía,
podrían curar tristezas de civilización.
La energía moderna, el tanque y el biplano
avivan en las almas el antiguo dolor.
La vida a cada paso refina las tristezas,
las almas cristalizan y la verdad voló,
un grano de amargura se entierra y da su espiga.
Saben esto los gatos mas bien que el sembrador.
Tienen algo de búhos y de toscas serpientes,
debieron tener alas cuando su creación.
Y hablaran de seguro con aquellos engendros
satánicos que Antonio desde su cueva vio.
Un gato enfurecido es casi Schopenhauer.
Cascarrabias horrible con cara de bribón,
pero siempre los gatos están bien educados
y se dedican graves a tumbarse en el sol.
El hombre es despreciable (dicen ellos), la muerte
llega tarde o temprano ¡Gocemos del calor!
Este gran gato mío arzobispal y bello
se duerme con la nana sepulcral del reloj.
¡Que le importan los senos (?) del negro Eclesiastés,
ni los sabios consejos del viejo Salomon?
Duerme tu, gato mío, como un dios perezoso,
mientras que yo suspiro por algo que voló.
El bello Pecopian (?) se sonríe en mi espejo,
de calavera tiene su sonrisa expresión.
Duerme tu santamente mientras toco el piano.
este monstruo con dientes de nieve y de carbón.
Y tú gato de rico, cumbre de la pereza,
entérate de que hay gatos vagabundos que son
mártires de los niños que a pedradas los matan
y mueren como Sócrates
dándoles su perdón.
¡Oh
gatos estupendos, sed guasones y raros, y tumbaos panza
arriba bañándoos en el sol!
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