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| felinia 22 |
on line desde enero 2002 |
noviembre 2003 |
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Acerca de Jaime Sabines: Sabines nació el 25 de marzo de 1926, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, y su infancia transcurrió en ese ambiente rural, luminoso, de trópico espléndido, de cuerpos bañándose en los ríos, en medio de las arboledas y huertas. Cursó tres años de la carrera de medicina. Obtuvo la licenciatura en Lengua y Literatura Españolas (1949) y realizó estudios de posgrado en la Universidad Nacional Autónoma de México. Dedicado a la actividad comercial en su estado natal, fue becario especial del Centro Mexicano de Escritores (1964-65). En 1965 formó parte del jurado del premio Casa de las Américas. Múltiples son los versos que se han publicado de Jaime Sabines, pero fue él también un gran lector de poesía ya que como afirma esta actividad, la de poeta, pudo construirla "de amor; de paisaje cotidiano, de viento; que sacudía al mostrar su angustia en carne viva..." En su diálogo con la naturaleza encontró Sabines la armonía de la vida y en lo más profundo de su ser abatió en más de una ocasión el dolor, ya que a lo largo de su vida fue víctima de múltiples operaciones. Sabines jóven entendió el ejercicio de la poesía como un oficio impúdico y al respecto escribió: "El poeta es un aspirante a santo desnudo, es un tratante de la heroicidad, es un hombre vendido gratuitamente". El amor a la poesía lo heredó Jaime Sabines de su madre, fue ella quien le contó que lloró en su vientre, y gracias a ella, desde muy pequeño fue un magnífico declamador. Su padre, Julio, el mayor Sabines, era un hombre bueno y a la vez terrible como el mar. El lo influyó mucho en su vida, le enseñó que el trabajo se gana con sudor y además le fomentó el gusto por la cultura oral. Su viejo recordaba el vate era de ascendencia libanesa: "Nació por mero accidente en una población tabasqueña y se crió en el Líbano. Fue un viaje de mi abuela que lo parió aquí; primero se lo llevaron a Cuba... después a México, a Chiapas", recordó el poeta mayor al referirse a su progenitor como quien le transmitió las primeras fábulas y cuentos que conoció.
La enfermedad y posterior muerte de don Julio, fue uno de los
acontecimientos más dolorosos en la vida de Sabines, mismo que
transmitió en un poema "Algo sobre la muerte del mayor
Sabines" (1962-1973) escrito durante ese lapso con sangre y lágrimas,
con la impotencia de impedir el avance del cáncer. Partes de los
sonetos fúnebres al padre fueron recogidos en "Recuento de
poemas". Sin embargo, esa actividad de subasalariado en absoluto mermó su alma política, obras como "Tarumba" (1956), por ejemplo la redactó sobre una tabla de trabajo, y en sus ratos libres escribió "Adán y Eva" (1952). La
metrópoli donde estudió filosofía lo recibió por tercera ocasión en
1959, en ese entonces se hacía cargo de un negocio de alimentos para
animales y desde luego siguió escribiendo. En
1959 recibió el Premio Chiapas, el cual le otorgó su estado natal en
reconocimiento a su creación. En aquella ocasión dijo que el poeta
"es el testigo del hombre, por eso debe ser, antes que nada, un
hombre común y corriente, oficiante de todos los oficios, actor de
todos los dramas, las tragedias y las comedias del mundo. "El poeta
es el payaso sufriente, la víctima de nada, el sobreviviente de la poesía". Críticos y detractores más de una ocasión le reprocharon su filiación al partido gobernante, basta recordar que en 1976 obtuvo la candidatura del Partido Revolucionario Institucional para una diputación federal en Chiapas, y fue electo nuevamente en ese cargo en 1988. Los infundios e insultos crecieron cuando recibió la medalla "Belisario Domínguez" que le otorgó el Senado de la República en 1994, ocasión en la que hizo un voto por la paz y la democracia, y ante el azoro de los presentes fustigó a los asesinos de los políticos José Francisco Ruiz Massieu y de Luis Donaldo Colosio. Al final de su vida tomó conciencia de su papel como intelectual y el rompimiento con su actividad como representante popular se dio cuando afirmó que: "la política no se resuelve detrás del escritorio". Jaime
Sabines fue de los pocos poetas que vendió su obra y logró convertirse
para sus seguidores en una especie de "ídolo", que ameritaba
los desvelos, apretujones y permanecer horas enteras de pie con el único
objetivo de poder tocarlo, escucharlo o al menos verlo de cerca. Al
Premio Xavier Villaurrutia 1972 le causaban risa el saber que su fama
era equiparable a la de un artista o cantante del momento, "me
siento satisfecho, pero al mismo tiempo un poco molesto. Es decir, perdí
mi anonimato". Sus
mayores placeres fueron leer la Biblia -pero jamás como creyente porque
su Dios era sólo suyo y de nadie más-, revisar a Goethe, Shakespeare,
Tagore, Salomón, Juan Rulfo, así como compartir su tiempo con sus
hijos Julio, Judith y Jazmín.
Su mayor deseo no cumplido fue "el poder dar un brinco", pero
sus 34 operaciones en la pierna lo postraron en una silla de ruedas para
siempre. Textosentido.com, poesía y literatura de la gente para la gente.
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