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| felinia 20 |
on line desde enero 2002 |
septiembre 2003 |
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Durante mucho tiempo, la sabiduría popular y, por qué no decirlo,
algunos textos científicos, han relacionado el comportamiento masculino
con esa hormona irrefrenable y machista que es la testosterona. El macho
humano, como los de otras especies animales, se vería así impulsado a
buscar pareja, practicar el sexo y competir con otros congéneres por
mandato bioquímico. La testosterona, "una hormona estúpida",
como llegó a bautizársela, era una de las principales responsables de
que el hombre se portara "como un hombre". Afortunadamente, hoy sabemos que las cosas no son así
y que dentro de la etiqueta "comportarse como un hombre" también
caben la ternura, la sensibilidad y el afecto paterno filial. Sobre todo
éste último, porque recientes investigaciones en el campo de la
psicobiología han demostrado que los hombres también cuentan con un
instinto paternal similar al instinto maternal femenino. Y, curiosamente,
la testosterona tiene mucho que decir en su afloramiento. Aunque ella no
es la única hormona que interviene en la paternidad feliz. Todo un
abanico de sustancias colaboran para conseguir que el varón no sólo
tenga deseos de aparearse sino que también anhele hacerse cargo de la
prole, cuidarla y mantenerla y que todo eso genere en él una cascada de
emociones positivas tan naturales como las de la madre. Un estudio publicado en 2001 por la revista Mayo
Clinic Proceedings demostró que los futuros padres presentan mayores
niveles de estradiol (un tipo de estrógeno) y menos de testosterona que
los hombres que no esperan hijos. Es más, los varones cuyas parejas están
embarazadas experimentan cambios hormonales que se activan simultáneamente
a los de la mujer gestante y que, en algunos casos extremos, llegan a
producir síntomas físicos como náuseas y aumento de peso.
Para responder a esta pregunta, sería útil conocer
cómo se comportan otras sustancias químicas del cuerpo del varón ante
la inminencia de la paternidad. Los glucocorticoides, hormonas de la
familia del cortisol, descienden considerablemente cuando el hombre sabe
que va a ser padre. Se ha demostrado que las personas que viven en pareja
estable y disfrutan de mayor refuerzo social o familiar presentan menores
niveles de esta sustancia que las que viven solas o en parejas inestables.
En el último mes de embarazo de la mujer, se aprecia un incremento en la
cantidad de glucocorticoides de su compañero, quizás como respuesta al
aumento del estrés y la aprehensión propios de esos momentos tan
trascendentes para su vida.
Además de estos cambios, el cuerpo del varón que va a ser padre experimenta otras transformaciones relacionadas con el estado de su pareja. Por ejemplo, un estudio de la doctora Anne Storey, de la Universidad de Newfoundland en Canadá, ha demostrado que los pre papás sufren un aumento de las cantidades detectables de prolactina, hormona involucrada en el desarrollo de la capacidad de amamantar en las mujeres y en las hembras de muchos mamíferos. La doctora Storey especula con la posibilidad de que
el estado de gestación de la mujer genere ciertas señales que indican al
cuerpo del varón que ha de prepararse para tener una criatura en casa. La
testosterona desciende para favorecer un comportamiento más estable,
menos agresivo y menos sexual en el varón, mientras los cortisoles y las
prolactinas preparan el terreno hacia un temperamento más tierno y solícito. ¿Qué tipo de señales son ésas? Según Storey, es
posible que se trate de estímulos olfativos enviados a través de las
feromonas o, simplemente, de cambios en el comportamiento de la mujer que
dan las claves a la bioquímica del varón. El mismo equipo canadiense solicitó a los padres
que informaran sobre los cambios que experimentaron en sus vidas diarias
durante el embarazo de sus mujeres. Los individuos que sufrieron mayor
fatiga, aumento de peso y falta de apetito fueron los que arrojaron
niveles más altos de prolactina en los análisis. ¿Una especie de
embarazo por simpatía? Storey los explica: "Creemos que los niveles
hormonales de la mujer dependen de su estado de gestación y los niveles
hormonales del hombre dependen de los de su pareja". La presencia de la mujer gestante no es el único
estímulo para que el instinto paternal aflore. Otros estudios realizados
con hombres sin hijos han demostrado que, después de ver durante varios
minutos una cinta de vídeo con imágenes de bebés y niños jugando, los
niveles de cortisol en sangre se reducen dramáticamente.
Parece evidente que los hombres están biológicamente
preparados para ser padres y que dicha preparación natural está escrita
en el comportamiento de algunas de sus hormonas. Los científicos saben
que la actividad hormonal puede variar en función de cambios ambientales
o del comportamiento. El estrés laboral, el flirteo, el deporte... son
algunas situaciones que generan modificaciones biopsicológicas. ¿Por qué
no va a suceder lo mismo con una experiencia tan importante para la vida
de un ser humano como el nacimiento de un hijo? Actos propios de la crianza como sostener un bebé,
escuchar un llanto o dar un beso a un pequeño no sólo dejan una impronta
psicológica en quien los disfruta, sino que tienen su propia repercusión
fisiológica. Un experimento clásico para demostrarlo es hacer que
voluntarios varones sostengan durante media hora muñecos que llevan
puestos pañales que han sido utilizados por bebés. Los niveles de
testosterona disminuyen en los casos de los hombres que han mostrado un
deseo previo de ser padres. Cuando el experimento se realiza con los
propios hijos, la variación en los datos es mucho mayor. Una revisión parcial y, un poco cínica, de estos
datos podría conducir a la conclusión de que la paternidad sofoca la
masculinidad del individuo, es decir, los feminiza, mediante el control de
la testosterona. Pero los autores de estas investigaciones creen que, al
contrario, estos datos demuestran que la masculinidad del género humano
reside en otras habilidades más allá de las que su hormona sexual le
confiere. Todo el abanico químico del hombre se pone a su disposición en
un momento de su vida para que pueda experimentar el rango más amplio de
emociones y demostrar que es un buen padre por naturaleza
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