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agosto 2003


AUMENTA EL PORCENTAJE DE POBLACIÓN

 QUE ABANDONA EL MUNDO ON LINE

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Hasta ahora se había considerado la posibilidad de que las audiencias perdieran interés por la dimensión comercial de Internet o por la proliferación de contenidos sin valor. Pero nadie se planteaba que los internautas dejaran de serlo por falta de motivación respecto al medio en sí mismo. Un reciente estudio descubre algo inédito: bolsas de audiencia que voluntariamente han abandonado el mundo online, según informa Mediabriefing.com  Reproducimos a continuación el texto íntegro publicado en dicho medio:

Cautivar a la audiencia masivamente para convertirla en compradora a través de Internet se ha demostrado una tarea imposible, así como retener a navegantes con contenidos poco atractivos. También las limitaciones económicas han explicado hasta ahora la distancia respecto a la tecnología. Pero lo que pocos imaginaban es que dar la espalda a Internet pudiera ser un acto voluntario realizado desde el conocimiento del medio.  

Un reciente estudio realizado por Pew Internet & American Life Project revela que muchos de los americanos que actualmente no utilizan Internet han tenido la posibilidad de acceder a la red en algún momento de su vida, pero han optado por no vincularse con el medio digital. Se trata de un descubrimiento que puede sembrar serias dudas sobre las teorías relativas a la brecha digital, ya que señala que un 20% de los ciudadanos que no viven online dispone de conexión en sus casas.

Por tanto, no son motivos económicos lo que hace que esta parte de la población no se acerque a Internet, en contra de lo que se venía considerando hasta ahora.

Según el informe, “el camino hacia el uso de Internet está lleno de baches y curvas que se explican por las dificultades económicas, el escaso interés por el mundo online o la existencia de otras ofertas” para llenar su tiempo.

El estudio revela un incremento de los “caídos”, antiguos internautas que han dejado de serlo. El número de ciudadanos que alguna vez estuvieron online y ahora ya no lo están ha crecido. Un 17% de los no conectados afirman que solían acceder a la red, lo que supone un 4% de “arrepentidos” de lo que se registró hace tres años.

Por otro lado, para cerca del 24 por ciento de los no conectados Internet es realmente algo lejano, ya que no tienen experiencia ni directa ni indirecta al respecto. Esta gente suele evitar la red generalmente porque parten de conceptos erróneos sobre lo que Internet puede ofrecerles. Muchos temen los contenidos pornográficos o los fraudes con tarjetas de crédito, y algunos piensan que su uso podría resultarles demasiado complicado.

Los investigadores también afirman que el nivel de penetración de Internet se ha desinflado desde octubre de 2001 y se sitúa entre el 57 y el 61 por ciento. 

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Para que un medio informativo pueda trabajar con unos mínimos de independencia y de rigor es necesario que sea rentable. Esto no afecta sólo a los medios tradicionales. En Internet, por supuesto, también es imprescindible. La Red, contrariamente a lo que se nos ha pretendido hacer creer, no es un lugar en el que lo virtual está por encima del sentido común o de las leyes, incluidas las de la economía. Pero a esa rentabilidad que nos permita hacer buen periodismo se puede llegar de muchas maneras. Y no es imprescindible cobrar.

La estructura de gastos de un sitio informativo en Internet es mucho más cercana a la de una emisora de radio que a la de un periódico tradicional. Y es bien sabido y aceptado por todos que las emisoras de radio no viven de cobrar a sus oyentes. Y supongo que nadie pondrá en duda que la calidad informativa de las grandes cadenas españolas es al menos tan digna como la de otros medios por los que los consumidores sí pagan de manera directa.

Cada compañía es muy libre de marcar sus estrategias, pero la realidad del mercado, las posibilidades de la tecnología y las demandas de los lectores nos sitúan ante un escenario en el que hay suficientes argumentos como para pensar en que una buena herramienta informativa gratuita en Internet, sustentada en un diseño sensato y ajustado, tanto desde el punto de vista técnico como periodístico o comercial, puede ser también un buen negocio.

Quizá lo que está pasando durante los últimos meses en España tiene una cierta lógica. No parece nada razonable regalar en Internet algo por lo que cobras en el quiosco. Y la crisis económica, publicitaria y de ventas ha acelerado las neuronas del sentido común de los empresarios de prensa que de pronto han descubierto una vía de agua en sus experimentados modelos de negocio.

Cuando nacieron hace ya más de seis años los primeros medios digitales de información, herederos de los grandes periódicos, nadie se planteó que un día podrían constituir una amenaza para el negocio tradicional. Por eso no se le dio ninguna importancia al hecho de que los contenidos fundamentales con los que se alimentaban esas inmaduras herramientas informativas eran los mismos por los que se estaba cobrando a los lectores de toda la vida.

Había que estar allí, en la Red, en lo nuevo, sin saber todavía por qué. Pero había que estar. Luego llegaron los años del boom, de la codicia, de las valoraciones desorbitadas de los bancos de negocios, de las salidas a bolsa... Internet parecía que iba a convertirse en la gallina de los huevos de oro, pero en realidad aún no tenía modelos de negocio claros, ni suficientes lectores, ni productos competitivos.

Fue la crisis la que hizo desaparecer a casi todas las empresas que operaban en Internet y la que obligó a las que hoy sobreviven a desvirtualizar sus estrategias. Y es ahora, cuando por fin hay una importante masa crítica de lectores en España que usan la Red para informarse y la crisis publicitaria azota ya a todos los medios, cuando algunos quieren imponer el pago como el único modelo de calidad viable en Internet.

Y es un gran error, probablemente tan grande como regalar algo en Internet por lo que se cobra en otro canal de distribución. Estamos ante un nuevo medio que tiene reglas propias. Igual que he defendido que existen unos códigos informativos propios de la Red, siempre basados en las herramientas básicas del oficio periodístico, estoy convencido también de que existen, o al menos están creándose, modelos de negocio rentables y capaces de soportar medios informativos gratuitos de calidad.

 

EL SOFTWARE CONSIDERADO COMO PROPIEDAD INTELECTUAL

El pleno del Senado ha aprobado una moción consecuencia de interpelación por la que insta al Gobierno a defender que la futura Directiva Europea sobre las invenciones implementadas por ordenador sean protegidos fundamentalmente a través de la Ley de Propiedad Intelectual y no por patentes. Mientras las patentes protegen las invenciones físicas, las de propiedad intelectual defienden las creaciones intangibles y la primera ofrece mayor grado de protección del producto de forma que una patente de software puede provocar denuncias por la utilización de sus códigos.

Con vistas a Europa

La moción es consecuencia de la interpelación presentada por el senador Arseni Gibert de Entesa Catalana de Progrés ante el ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete, el pasado 30 de abril. El acuerdo aprobado ha sido posible gracias a la enmienda transaccional alcanzada por Arseni Gibert y la senadora por Valladolid del PP, Mercedes Coloma, que ha sido firmada por todos los grupos parlamentarios de la Cámara, con la excepción del Grupo Mixto.

En la moción se pide al Gobierno que defienda en el Consejo de la Unión Europea que en la redacción definitiva de la propuesta de Directiva Europea sobre la patentabilidad de software se reconozca que un programa de ordenador como tal y en particular la expresión de un programa de ordenador en código fuente o en código objeto, debe ser protegido fundamentalmente a través del derecho a la propiedad intelectual. También piden que se asegure que las patentes de invenciones implementadas en ordenador concedidas en los Estados miembros de la UE y en la Oficina Europea de Patentes cumplen con las condiciones de patentabilidad tradicionales en el sistema europeo de patentes, en particular, "la obligación de que las invenciones patentables aporten una contribución técnica".

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