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| felinia 19 |
on line desde enero 2002 |
agosto 2003 |
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Artículo publicado inicialmente en Divulc@t:ciencia@teconología, 2003. La divulgación de la ciencia a través de los medios de comunicación
no es tarea fácil. A la falta de cultura científica de buena parte de
los ciudadanos hay que añadir que las características propias de los
medios hacen que la ciencia les resulte una compañera incómoda. Por si
esto fuera poco, la televisión añade nuevas dificultades, derivadas de
su búsqueda de elementos dramáticos y de su creciente dependencia de
los índices de audiencia. A pesar de todo, la televisión sigue siendo
un medio especialmente interesante para dar a conocer contenidos científicos
dirigidos al gran público, siempre y cuando se tengan en cuenta las
potencialidades y limitaciones del medio. Las encuestas demuestran que el público tiene interés
por la ciencia. Pero también ponen de manifiesto que el ciudadano medio
no comprende muchas cosas dentro de este ámbito. Este hecho es
consecuencia, en primer lugar, de que son muchos los que adolecen de la
falta de una mínima cultura científica, con la que dar sentido a la
nueva información que reciben. Esta carencia puede deducirse fácilmente de algunos
de los resultados de estos sondeos, tan demoledores como el que afirma
que la mitad de los norteamericanos no sabe que la tierra tarda un año
en dar una vuelta alrededor del sol (1) . Partiendo de esta base, resulta evidente que no es
tarea fácil conseguir que una audiencia amplia se interese y entienda
las cuestiones científicas. Sin embargo, los medios de comunicación,
en general, y la televisión, en particular, podrían conseguir
resultados que por otras vías resultan impensables. La televisión es parte de nuestra vida cotidiana.
Llega hasta más personas que ningún otro medio y alcanza una
implantación casi universal. El televisor está presente incluso en
muchos hogares que no disponen de servicios básicos, como el agua
corriente. Es además, la actividad a la que muchos dedican la mayor
parte de su tiempo de ocio. En Europa, el tiempo destinado por término
medio a ver la televisión es superior a tres horas por persona y día. Por lo que se refiere a su capacidad para divulgar
la ciencia, esta resulta evidente si la comparamos con los medios
tradicionales. Por ejemplo, un solo programa de televisión puede llegar
hasta más personas que una conferencia pronunciada diariamente, durante
todo un siglo. El de los medios de comunicación es un ámbito en
el que la divulgación ha de jugar sus mejores cartas, para tratar de
llevar hasta el gran público cuestiones tomadas de la ciencia, de forma
que resulten a un tiempo interesantes y rigurosas. Para conseguirlo, es
imprescindible conocer cuáles son las fortalezas y también las
flaquezas de los medios de comunicación en su labor divulgadora. A las limitaciones de todos los medios de comunicación
hay que añadir algunas que afectan específicamente a medios
audiovisuales. Una de las más importantes es su limitada capacidad para
transmitir información pormenorizada, especialmente cuando se trata de
cuestiones de naturaleza abstracta. Ciencia y medios de comunicación Muchos científicos parecen no tener confianza en la
prensa, a la que consideran un vehículo inadecuado para llevar la
ciencia hasta el gran público. En una encuesta realizada en Estados
Unidos sólo el 10% de los científicos declaró tener gran confianza en
la prensa; un porcentaje muy inferior al de otros grupos encuestados (2)
. Esta falta de confianza en los medios ha llevado a
algunos científicos a criticar abiertamente a sus colegas que han
decidido entrar en el ruedo de la divulgación. En este sentido, son
bien conocidas las críticas recibidas incluso por científicos-divulgadores
de la talla del astrónomo norteamericano Carl Sagan, a quien se achacó
injustamente una falta de curriculum científico (3) . Para muchos científicos, los medios han sido
tradicionalmente un mensajero inepto, incapaz de trasladar eficazmente
la ciencia hasta el gran público. Sin embargo, tal como afirma Bucchi
"términos como distorsión, sensacionalismo e imprecisión, sólo
tienen sentido por referencia a los modelos de comunicación más
obsoletos", que se basan en una visión del proceso "centrada
en la ciencia, paternalista y pedagógica" (4) . Frente a estos
modelos, resulta necesario abrazar nuevos planteamientos, que tienen en
cuenta que la recepción de la comunicación científica por parte del público
se lleva cabo mediante "procesos complejos y transformaciones a
través de las que las diferentes audiencias se apropian de la ciencia,
la usan o simplemente la dejan de lado"(5) . Para entender mejor estos procesos, es necesario
caer en la cuenta de que científicos y profesionales de los medios de
comunicación tienen formas de trabajo e intereses muy distintos. Los
primeros realizan una labor paciente, en la que pocas veces se producen
hallazgos revolucionarios. Por el contrario, los periodistas buscan
hechos sensacionales, que llamen poderosamente la atención del
espectador. Una de las principales barreras que se establecen
entre ambos colectivos viene marcada por la prisa en la que se ven
inmersos los profesionales de los medios. Mientras que los científicos
trabajan de forma lenta y pausada, los medios de comunicación se
convierten en monstruos a los que hay que alimentar constantemente con
nueva información. El periodista ha de cumplir con la hora de cierre
del periódico o de puesta en antena de un programa de televisión, en
una dinámica en la que pocas veces es posible invertir mucho tiempo en
una información. En este contexto, científicos y comunicadores se
ven abocados a diferentes aproximaciones a la realidad, que han sido
comparadas con las que realizan dos especialidades del derecho. La
ciencia, como el derecho penal, debe llegar hasta el punto de "más
allá de una duda razonable"; los periodistas, como el derecho
civil, acuciados por las prisas, trabajan con la "evidencia
predominante, como estándar de prueba"(6) . Otra de las barreras entre las dos profesiones viene
marcada por el lenguaje que utilizan. Los científicos mantienen jergas
profesionales que resultan difíciles de comprender para quienes no
pertenecen a su grupo. Pero también los periodistas emplean la suya
propia, con frecuencia también alejada de lo que el público puede
entender con facilidad. Y no sólo se trata de jergas, ya que a veces
hay palabras de uso común que en un contexto científico tienen un
significado diferente; lo cual resulta aún más desanimante para quien
no las comprende. Al margen de que haya científicos deshonestos que
busquen demostrar lo que les conviene, en general suelen dejar de lado
sus prejuicios, para intentar abordar una cuestión con total
objetividad. Sus experimentos han de ser reproducibles y sus trabajos
serán finalmente sometidos a la revisión de sus colegas, antes de ser
publicados en las revistas científicas. Por el contrario, el periodismo es, en gran medida,
subjetivo. De hecho, muchos periodistas han abandonado la noción de
objetividad por la de honestidad, conscientes de que resulta casi
imposible hablar con total certeza de situaciones tan complejas como,
por ejemplo, el proceso de paz en Oriente Medio o la razón de ser de
una huelga general. A estas dificultades generales de los medios de
comunicación para comunicar la ciencia, conviene añadir otras que
afectan particularmente a la televisión, algunas derivadas de su propia
naturaleza y otras puramente coyunturales. A pesar de esta potencial capacidad divulgadora, la relación entre
la ciencia y los medios audiovisuales suele ser difícil. Tal como señala
Silverstone la raíz del problema está en que la televisión se dirige
a la experiencia cotidiana, mientras que la ciencia se inscribe en otros
modos de conocimiento y de transmisión de sus ideas. Como consecuencia,
los programas de divulgación han de realizar una mediación entre dos
tipos de discurso inicialmente alejados, que resulta muy compleja (7). La ciencia da a conocer sus hallazgos
fundamentalmente a través del soporte escrito, el cual le resulta más
adecuado para transmitir una serie de ideas que han sido estructuradas
de forma lógica. Además, el lenguaje escrito está dotado de una gran
capacidad para comunicar conceptos. Por el contrario, los medios audiovisuales, en
principio no resultan especialmente adecuados para comunicar conceptos o
abstracciones. Tal como afirma González Requena, la imagen es un medio
poderoso de descripción, pero un medio especialmente torpe de nominación,
ya que carece de la potencia conceptual de la palabra (8) . El arte, en general, y las artes audiovisuales, en
particular, suelen seleccionar los temas que tratan por su capacidad de
despertar emociones y sentimientos en el espectador. Incluso los
programas informativos de televisión suelen poner mayor énfasis en
aquellos aspectos de la realidad que contienen elementos de mayor valor
dramático, dejando muchas veces de lado los asuntos de mayor
complejidad conceptual. Por su parte, la ciencia aborda los asuntos
tratados a través de un tipo de razonamiento que utiliza herramientas
tales como la lógica matemática y la experimentación empírica, cuyo
objetivo es apelar exclusivamente a la razón. La televisión no es el mejor medio para comunicar
mucha información ni para hacerlo de forma muy detallada. Por eso la
sucesión de ideas lógicas y pormenorizadas con las que trabaja la
ciencia suelen encajar con dificultad. La divulgación de la ciencia a través de la
televisión presenta también la dificultad de que se dirige a una
audiencia amplia, en un contexto donde prima el entretenimiento. En términos
del divulgador español Manuel Toharia, "el espectador ha de
encontrar, por este orden, entretenimiento, información y formación".
Por eso la televisión suele intentar motivar, despertar interés por la
ciencia entre el público, más que de enseñar con profundidad (9) . A estas dificultades intrínsecas cabe añadir
otras, derivadas de la situación que vive el medio en los últimos años.
El creciente mercantilismo en el que se mueve ha provocado una feroz
batalla por las audiencias, en la que han ido entrando también las
televisiones públicas. En concreto, en el ámbito de los informativos,
se constata una tendencia hacia la información sensacionalista en la
que ocupan un lugar preferente todo tipo de desastres, crímenes y vidas
privadas de los famosos. Como consecuencia, los contenidos culturales de
calidad han comenzado a ser una especie en vías de extinción. Como señalan
con acierto Harts y Chapell cada vez es más difícil para los medios
captar la atención del público con asuntos serios (10) . Estas dificultades han llevado a algunos científicos
a considerar la divulgación de la ciencia a través de la televisión
como una tarea poco menos que imposible. Después de estudiar los
mecanismos narrativos y científicos de algunos programas, los
canadienses Schiele y Larocque concluyeron que el espectador televisivo
no adquiere un saber verdadero (11) . Sin embargo, la constatación estos problemas, lejos
de deslegitimar el estatus de la televisión como medio para comunicar
la ciencia, ha de servir para promover un tipo de mensaje audiovisual
que aproveche al máximo las capacidades del medio, para trasladar hasta
el público conocimientos científicos que, eso sí, han de ser servidos
en la bandeja del entretenimiento informativo o de la información
entretenida. Es decir, la televisión habrá de utilizar todos los
recursos disponibles para construir un nuevo discurso cuyos fines y
medios no son necesariamente los de la ciencia. Divulgar a través de la
televisión La construcción de un enunciado divulgativo eficaz
para la televisión, requiere utilizar recursos narrativos y dramáticos
que permitan llegar hasta el espectador con nitidez y fuerza. Entre
ellos cabe destacar la simplificación de los contenidos y la construcción
de relatos que vertebren el enunciado (12) . Con ello se consigue
adaptar el mensaje a los requerimientos impuestos por un medio en el
que, en términos del historiador francés Georges Duby,
"trabajamos para lo efímero, lo cual nos obliga a pegar
fuerte", y eso se consigue concentrando y esquematizando el mensaje
(13) . Para Bucchi, hacer divulgación significa someter el
contenido científico a un doble proceso de objetivación y anclaje en
la realidad. La objetivación suele tomar con frecuencia la forma de
personificación, mientras que el anclaje en la realidad suele
significar la utilización de analogías o metáforas (14) . Pues bien,
en el caso de la televisión, podríamos añadir que este proceso
resulta aparentemente más sencillo, por cuanto la propia imagen ya nos
remite directamente al mundo real, de forma que personificaciones y metáforas
pueden parece innecesarias. Sin embargo, esta aparente conexión con la realidad
no impide que, en muchos casos, estos mismos recursos sigan siendo útiles
para estructurar coherentemente los enunciados. La personificación
resulta necesaria para construir una buena historia con potencial dramático,
mientras que las analogías y metáforas permiten conectar dos
realidades, de forma que una aporta luz sobre la otra. Cuando no se utilizan estos recursos, los programas
sobre ciencia corren el riesgo de convertirse en meros contenedores de
información inconexa y difícil de seguir. En este sentido, un estudio
de la BBC revela que el 74% de los participantes en grupos de discusión
dirigida sobre programas de ciencia, prefirieron aquellos con estructura
narrativa, mientras que sólo un 26% se mostraba partidario de los
denominados "informes" (fact-file) (14) . El mismo estudio señala que los temas relacionados
con la ciencia tienen mayor potencial de interés para el público que
los de deportes o política. Sin embargo, determinados enfoques
dificultan que el interés genérico del público se concrete en índices
de audiencia. Los programas que tratan sobre "la ciencia por
la ciencia", generalmente no son bien acogidos por el público. Por
el contrario, aquellos que se refieren a la ciencia dentro de la
"carrera humana" resultan de mayor interés. Igualmente suelen
tener poca audiencia los asuntos que resultan totalmente desconocidos
para el público. Por el contrario, aquellos sobre los que la audiencia
ya tiene referencias son mejor valorados, por cuanto el espectador puede
integrar mejor la nueva información que recibe. Son bien acogidos los programas que ponen de
manifiesto las razones por las que el espectador podría estar
interesado en el tema, generalmente relacionando el asunto tratado con
su vida cotidiana. Tal como se desprende de las conclusiones del estudio
de la cadena británica, se puede cubrir cualquier tema, siempre que se
establezca un "filtro de relevancia, o un mecanismo para construir
esa relevancia si es necesario, a través de la forma en que se presenta
la historia" (15) . A la vista de estas consideraciones, no sorprende
que muchas veces los temas científicos se traten en televisión desde
la óptica de las consecuencias que pueden tener para el espectador. Sin
embargo, como recuerdan Harts y Chapell, este recurso ha de utilizarse
cuidadosamente, ya que la explicación sola de las consecuencias o el
uso, en lugar de las causas, puede llevar hasta respuestas incompletas
y, en última instancia, incorrectas (16) . Por ejemplo, si explicamos
el manejo de un coche, sin entrar, al menos mínimamente, en cómo
funciona por dentro, podemos fácilmente caer en un enfoque superficial
y que, en definitiva, cuente cosas que no son totalmente ciertas. Los divulgadores suelen tratar de mostrar aquellos
aspectos de la ciencia que resultan misteriosos e incluso inquietantes.
El periodista español Lluis Miratvilles cree que "lo desconocido,
lo inquietante, lo asombroso" son elementos básicos para la
divulgación en televisión (17) . Otro divulgador, el británico
Richard Dawkins va más allá, al afirmar que La popularidad de lo paranormal, aunque parezca
raro, puede proporcionar un terreno para el refuerzo (encouragement).
Creo que el apetito por el misterio, el entusiasmo por lo que no
entendemos, es sano que se fomente. Es el mismo apetito que conduce lo
mejor de la ciencia verdadera (18) . Estos son algunos de los recursos que pueden ayudar
a construir programas de ciencia que resulten interesantes para el
espectador. Sin embargo, si lo conseguimos habremos recorrido únicamente
la mitad del camino, ya que el programa divulgativo ha de construirse a
partir del saber científico, de forma que mantenga el necesario rigor. Para conseguir que los programas respondan a este
doble requerimiento de eficacia narrativa y rigor científico, es
necesario seguir profundizando en el camino del trabajo conjunto entre
científicos y comunicadores, que tantos frutos ha dado ya a lo largo de
la historia. Sólo desde un conocimiento profundo de los recursos
comunicativos de los medios audiovisuales y de los asuntos científicos
abordados, será posible construir programas que alcancen el difícil
equilibrio entre interés y comprensibilidad para el público, por un
lado, y rigor científico, por otro. Es decir, solo así podrán
realizarse programas que consigan una verdadera divulgación de la
ciencia. Referencias (1) Hartz, Jim y Chappell, Rick,
World Aparts. How the distance between science and journalism threatens
America's future, First Amendment Center, Nashville, 1998, p. Ix. (7) Silverstone, Roger, "The
Agonistic Narratives of Television Science", en Corner, John (ed.),
Documentary and the Mass Media, Londres, Edward Arnold Publishers, 1986,
p. 81.
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