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febrero 2003


LEWIS CARROLL (1832-1898)

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Acerca de Lewis Carroll:

Esta biografía de Carroll está escrita por otro matemático, James R. Newman, y ofrece una visión algo menos partidista que la mayoría de publicaciones biográficas. Está publicada por Grijalbo (“Lewis Carroll”, J.R.Newman, Grijalbo 1994). Información en la red acerca de Carroll: Lewis Carroll (Carlos Revilla),  Lewis Carroll Home Page (Joel Birenbaum),  Lewis Carroll (poets.org).

"...El reverendo Charles Lutwidge Dodgson fue un matemático mediocre; enseñó en Oxford durante veintisiete años, sin brillar excepcionalmente, ni producir nada digno de perdurar en su disciplina. No reclamó para sí mismo el recuerdo de los hombres, pero creó, en cambio, un alter ego inmortal. No necesito elogiar los famosos escritos de Lewis Carroll, pero quisiera señalar que el amor de Dodgson por las matemáticas y su preocupación por algunos de sus conceptos están íntimamente relacionados con la forma que dio a sus fantasías. Esto se advierte especialmente en "A través del espejo", cuyas fantásticas inversiones anticipan algunos de los más revolucionarios descubrimientos de las matemáticas y de la física del siglo XX. Los escritores modernos no han ignorado el carácter profético de esas curiosas historias. Lo mismo en obras especializadas que en las de divulgación, los científicos han demostrado haber aprendido mucho de la sabiduría de los notables filósofos que desfilan por los libros de Carroll: la Reina de Corazones, Humpty-Dumpty, el Caballero Blanco, Tweedledum y Tweedledee.  

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Nació en Daresbury en 1832, primer varón y tercer hijo de una familia de once hermanos, todos ellos tartamudos. Su padre era un clérigo acomodado que ascendió a archidiácono. De niño, Dodgson demostró una "pintoresca precocidad" que incluía una prematura preocupación por el significado de los logaritmos, una gran afición por las marionetas y los espectáculos mágicos y la habilidad para inventar jeroglíficos matemáticos. Igual que otros niños, tenía sus animales favoritos, caracoles y ranas, pero en una perversa y original innovación, intentó hacer pelear dos gusanos. Con este propósito, se dice que los equipó con armas apropiadas, pero sus intentos fracasaron. Después de una temprana educación familiar, durante la que su padre le inculcó el interés por las matemáticas y la teología, fue a un colegio privado en Richmond y luego a Rugby. Fue un buen estudiante, excepcional en matemáticas y aceptable en disciplinas clásicas. Pero como era un "tipo raro", no fue feliz en Rugby. Más tarde escribiría, "no se si ninguna consideración humana podría inducirme a pasar de nuevo por estos tres años". Se refugió en su trabajo literario y empezó a escribir para distintas revistas. Una de ellas contiene curiosos artículos sobre rompecabezas matemáticos de diversos tipos incluyendo uno de sus ensayos más controvertidos llamado "Un problema Hemisférico o ¿Dónde cambia el día de nombre?. Este era un problema real. El día cambia su nombre en la línea internacional de cambio de fecha, pero esta demarcación no fue inventada hasta 25 años más tarde que el problema empezara a preocupar a Dodgson. Siempre estuvo obsesionado por el tiempo, y alguno de los maravillosos y desconcertantes efectos de sus últimas obras están conseguidos por el modo como lo maneja.  

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En enero de 1851 entró en el Christ Church College de Oxford. Estuvo en él 47 años, hasta su muerte. Pasó todos sus exámenes con distinciones; entró a formar parte del personal docente del College y en 1861 fue ordenado diácono de la Iglesia de Inglaterra. No llegó nunca a ordenarse sacerdote y su misma ordenación de diácono fue precedida por largos años de autoexamen y de recelos. Su tartamudez y sus dudas doctrinales no fueron los únicos obstáculos que le impidieron entrar al sacerdocio. Su profesión de matemático le gustaba, aún cuando no destacase extraordinariamente como tal; y, además, se resistía a someterse a ciertas reglas impuestas por la costumbre a los que se ordenaban sacerdotes. Por ejemplo, no hubiera podido asistir al teatro y estaba decidido a no abandonar este inocente entretenimiento.  

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Se ha sugerido, también, que tras esta negativa de Dodgson a ordenarse, podía ocultarse el deseo, ignorado incluso por él mismo, de casarse. Sospecho que ésta es la clase de asuntos a los que son aficionados los biógrafos interpretativos; pero lo cierto es que en este caso no existe evidencia alguna que lo justifique...  

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En la vida "semiclaustral, refinada y excéntrica" de Dodgson hubieron pocos cambios, a parte de un viaje de seis semanas por el continente (1867), en el curso del cual visitó Rusia. Fue estudiante durante toda su vida y profesor durante 27 años. Escribió diversas cartas en periódicos sobre cuestiones públicas y participó en muchas de las controversias de Oxford. Era "extraordinariamente meticuloso" y bastante aburrido como profesor...  

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En sus lecciones a los niños utilizaba un sistema de diapositivas de su invención, construyó un Humpty Dumpty mecánico, reunió una biblioteca de 5000 volúmenes, compró un esqueleto para estudiar anatomía, instaló termometros y estufas de gas en sus habitaciones porque sentía horror a las corrientes de aire; usaba cinco tamaños de papel para escribir, mantenía una prodigiosa correspondencia que tenía catalogada y llegó a ser uno de los mejores fotógrafos de su tiempo.  

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Solía remar en el río Isis con las hijas del decano de la Iglesia de Cristo, las niñas Liddell, una de las cuales era precisamente Alicia . Ellas solían visitarlo para que las fotografiase o para comer con él.

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"Alicia en el país de las maravillas" se publicó en 1865, "A través del espejo" siete años más tarde. Ambos tuvieron un gran éxito; dieron fama a Dodgson, lo cual le complació, y a la vez le hicieron objeto de la atención y de la curiosidad pública, lo que le aterró.. Le proporcionaron también una modesta fortuna que usó a su manera, prestando a amigos necesitados, haciendo donativos a hospitales y otras entidades benéficas, regalando relojes de oro a jóvenes "sobrinos y sobrinas" y atendiendo a la diversión e incluso a la educación de la numerosa tribu de niños a los que adoraba .

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El hecho de que Dodgson no llegase nunca a ser un serio candidato para el matrimonio, no debe inducirnos a creer que fuese incapaz de amar. No amaba, es verdad, a los adultos, o cuando menos no lo demostraba. Pero con los niños y niñas era espontáneo y afectuoso, las invitaba a reuniones, jugaba incansablemente con ellas e inventaba para distraerlas historias y rompecabezas. Creo que algo hay de verdad en la suposición de que a su nivel más profundo, sus dos libros principales son alegorías en las que están fundidos dos temas: su inexpresado amor por Alicia Liddell y la atracción que sentía por los misterios matemáticos relacionados con el tiempo.  

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Alicia creció, se casó: su amistad con ella se acabó y también su inspiración. No obstante, varias obras más (matemáticas, literarias y de imaginación) salieron aún de su pluma... A medida que fue entrando en años, se hizo más suceptible, más intolerante y difícil. Fue evadiéndose cada vez más del mundo real a otro imaginario de juegos, rompecabezas y paradojas lógicas. Imaginaba sin cesar sistemas para mejorar cosas como "los torneos de tenis sobre hierba". Como padecía de insomnio crónico y su salud era excelente, tenía tiempo sobrado para llevar hasta sus últimas y absurdas consecuencias cualquier inofensiva fantasía.
Tenía el hábito de trabajar durante toda la noche en su escritorio; también trabajaba en la cama sin luz, con ayuda de un instrumento de su propia invención llamado nictógrafo, que mantenía la escritura recta y la pluma sobre el papel.  

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El 6 de enero de 1898 contrajo una infección de vías respiratorias y murió ocho días después.

En una carta dirigida a un amigo, Dodgson escribió:

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"las palabras tienen más sentido del que nosotros les damos al usarlas; por consiguiente, un libro entero debe significar mucho más de lo que su autor cree". Ninguna opinión tan profunda como ésta, para enjuiciar sus propias y extrañas obras maestras..."

 

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

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Alicia en el País de las Maravillas, por Lewis Carroll

 

 

Fragmento del capítulo “Cerdo y pimienta”:

«Si hubiera crecido», se dijo a sí misma, «hubiera sido un niño terriblemente feo, pero como cerdito me parece precioso». Y empezó a pensar en otros niños que ella conocía y a los que les sentaría muy bien convertirse en cerditos. «¡Si supiéramos la manera de transformarlos!», se estaba diciendo, cuando tuvo un ligero sobresalto al ver que el Gato de Cheshire estaba sentado en la rama de un árbol muy próximo a ella.

El Gato, cuando vio a Alicia, se limitó a sonreír. Parecía tener buen carácter, pero también tenía unas uñas muy largas Y muchísimos dientes, de modo que sería mejor tratarlo con respeto.

--Minino de Cheshire --empezó Alicia tímidamente, pues no estaba del todo segura de si le gustaría este tratamiento: pero el Gato no hizo más que ensanchar su sonrisa, por lo que Alicia decidió que sí le gustaba--. Minino de Cheshire, ¿podrias decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?

--Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar --dijo el Gato.

--No me importa mucho el sitio... --dijo Alicia.

--Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes --dijo el Gato.

--... siempre que llegue a alguna parte --añadió Alicia como explicación.

--¡Oh, siempre llegarás a alguna parte --aseguró el Gato--, si caminas lo suficiente!

A Alicia le pareció que esto no tenía vuelta de hoja, y decidió hacer otra pregunta:

¿Qué clase de gente vive por aquí?

--En esta dirección --dijo el Gato, haciendo un gesto con la pata derecha-- vive un Sombrerero. Y en esta dirección --e hizo un gesto con la otra pata-- vive una Liebre de Marzo. Visita al que quieras: los dos están locos.

--Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca --protestó Alicia.

--Oh, eso no lo puedes evitar --repuso el Gato--. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.

--¿Cómo sabes que yo estoy loca? --preguntó Alicia.

--Tienes que estarlo afirmó el Gato--, o no habrías venido aqui.

Alicia pensó que esto no demostraba nada. Sin embargo, continuó con sus preguntas:

--¿Y cómo sabes que tú estás loco?

--Para empezar -repuso el Gato--, los perros no están locos. ¿De acuerdo?

--Supongo que sí --concedió Alicia.

--Muy bien. Pues en tal caso --siguió su razonamiento el Gato--, ya sabes que los perros gruñen cuando están enfadados, y mueven la cola cuando están contentos. Pues bien, yo gruño cuando estoy contento, y muevo la cola cuando estoy enfadado. Por lo tanto, estoy loco.

--A eso yo le llamo ronronear, no gruñir --dijo Alicia.

--Llámalo como quieras --dijo el Gato--. ¿Vas a jugar hoy al croquet con la Reina?

--Me gustaría mucho --dijo Alicia--, pero por ahora no me han invitado.

--Allí nos volveremos a ver --aseguró el Gato, y se desvaneció.

A Alicia esto no la sorprendió demasiado, tan acostumbrada estaba ya a que sucedieran cosas raras. Estaba todavía mirando hacia el lugar donde el Gato había estado, cuando éste reapareció de golpe.

--A propósito, ¿qué ha pasado con el bebé? --preguntó--. Me olvidaba de preguntarlo.

--Se convirtió en un cerdito --contestó Alicia sin inmutarse, como si el Gato hubiera vuelto de la forma más natural del mundo.

--Ya sabía que acabaría así --dijo el Gato, y desapareció de nuevo.

Alicia esperó un ratito, con la idea de que quizás aparecería una vez más, pero no fue así, y, pasados uno o dos minutos, la niña se puso en marcha hacia la dirección en que le había dicho que vivía la Liebre de Marzo.

--Sombrereros ya he visto algunos --se dijo para sí--. La Liebre de Marzo será mucho más interesante. Y además, como estamos en mayo, quizá ya no esté loca... o al menos quizá no esté tan loca como en marzo.

Mientras decía estas palabras, miró hacia arriba, y allí estaba el Gato una vez más, sentado en la rama de un árbol.

--¿Dijiste cerdito o cardito? --preguntó el Gato.

--Dije cerdito --contestó Alicia--. ¡Y a ver si dejas de andar apareciendo y desapareciendo tan de golpe! ¡Me da mareo!

--De acuerdo --dijo el Gato.

Y esta vez desapareció despacito, con mucha suavidad, empezando por la punta de la cola y terminando por la sonrisa, que permaneció un rato allí, cuando el resto del Gato ya había desaparecido.

--¡Vaya! --se dijo Alicia--. He visto muchísimas veces un gato sin sonrisa, ¡pero una sonrisa sin gato! ¡Es la cosa más rara que he visto en toda mi vida!

                                                               


Publicación original en la red de Carlos Revilla

 

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¡NO A LA GUERRA!