CALILA Y DIMNA (anónimo, tradición popular)
(Siglo VI, traducción castellana de 1251)


Acerca de Calila y Dimna:

 

Ilustración de Calila y Dimna

 

     La manifestación oral de la eterna tradición popular ha cristalizado, de tiempo en tiempo, en esas colecciones más o menos eruditas, que se traducen a todas las lenguas y que manejan todos los pueblos. Así nacieron las famosas recopilaciones de cuentos, que los budistas ensartaban al predicar la nueva moral religiosa para hacer más plástica y educativa su misión.

 

     Así se llegó al Panchatantra, al Mahabarata, a otros compendios del tesoro folklórico de la India; y Calila y Dimna no es sino el más extenso de todos estos libros recopilatorios, ya que los aprovecha total o parcialmente.

    La complicada genealogía del Calila ha venido precisándose con lentitud y paciencia a través de un siglo entero de críticas investigaciones, inauguradas en 1816 por Sacy, editor del texto árabe. Baste saber, como resumen de tantos desvelos, que a quien parece debérsele la reunión de las distintas fuentes sánscritas antes aludidas, es a Berzebuey, filósofo y médico del siglo VI de nuestra era, que las tradujo al pehlvi, dialecto persa reconocido como lengua oficial del imperio.

     El libro se difundió extraordinariamente merced a las muchas traducciones que de él se hicieron en lenguas orientales y europeas. Para nosotros tiene una especial importancia la versión árabe que Abdalla ben Almocafa realizó a mediados del siglo VIII, pues de ella deriva la antigua versión castellana que publicamos.

     En la nota final de nuestro texto se afirma también esta procedencia, aunque añadiendo que se hizo por intermedio del latín. Podríamos darle crédito, aunque sea difícil admitir esta supuesta versión intermedia, si aquella nota no fuese en todas sus partes inexacta, lo que nos lleva a declararla apócrifa, pues también atribuye la traducción a Alfonso X. No es este el único caso de atribuciones semejantes. La enorme fama alcanzada por el sabio monarca, impulsor de la poesía, de la legislación, de la historia, de las ciencias, moldeador del idioma, al que dio una flexibilidad capaz de expresar con épicos acentos los instantes más inspirados de nuestras gestas, capaz de traducir a Ovidio con elegancia y emoción, capaz de dar nuevo calor a las páginas bíblicas, esa fama bien merecida atrajo hacia él la atribución de obras anónimas, ya por el solo antojo del copista firmante del códice, ya por el más inteligente deseo de dar autoridad a las obras salidas de manos ignoradas. Pero Alfonso X no aprovecha esa traducción en su General Estoria o historia universal, redactada hacia 1270, donde da a conocer otro texto distinto del capítulo I del Calila, y de existir aquella sin ningún género de duda la hubiera aprovechado, sin tener que recurrir a otra nueva. Quizá por esta misma razón haya que rectificar también la fecha de 1251 que da la nota final que discutimos, y adelantarla en unos treinta años más.

     Claro es que en la complicada transmisión de la obra fue ésta modificándose con adiciones, amplificaciones y retoques. Aparte de la transformación de detalles, alterando y suprimiendo todo aquello que podía chocar a hombres de otras latitudes para ir acomodando el libro a las distintas civilizaciones, los traductores, aunque no todos ni con mucha frecuencia, superpusieron algo propio. Y así el libro, que comenzó por estar constituido por doce capítulos, llega en la versión castellana a tener diez y ocho.

     El título proviene de los nombres dados a los protagonistas -dos lobos cervales- de una larga historia de infidelidad y ambición, comprendida en nuestros capítulos III y IV. Las demás narraciones no se relacionan con esta primera, y sólo sustentan la unidad de ser, como ella, rimeros de fábulas y consejos. Este título, al parecer, tiene tan larga vida como el libro mismo.

     La ficticia unidad hállase asegurada por las palabras que Berzebuey y los sucesivos interpoladores han puesto en boca de un rey que inquiere y da a su interlocutor, el filósofo, como pie forzado, el tema del apólogo siguiente, que éste desarrolla desprendiendo los consejos propios para el rey. Del nombre siriaco de este filósofo, Bidwag, nació el de Bidbai, Pilpai o Bidpai, al que se le supuso escritor indio.

© Antonio G. Solalinde

 

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CALILA Y DIMNA (traducido hacia 1251): extractos de los capítulos VI, IX y XVII

 
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Capítulo VI: La gineta, la liebre y el gato

 

     "Dijo el cuervo: "Yo había una gineta por vecina en una cueva cerca de un árbol do había mi nido, e religioso veíamonos muchas veces, e fuemos vecinos grand tiempo. Desí perdíla, e non sope dónde se fuera, e cuidé que era muerta. E vino una liebre a la cueva de la gineta, non sabiendo qué se ficiera, et moró ahí la liebre un tiempo. Et después tornóse la gineta a su lugar e falló y la liebre, e dijo: "Este lugar mío es, pues múdate ende". Dijo la liebre: "Yo só tenedor del lugar; prueba lo que dices e demándame por derecho". Dijo la gineta: "El logar es mío, e desto he pruebas". Dijo la liebre: "Menester habemos alcalld". Dijo la gineta: "Cerca está el alcalld de nos. "Dijo la liebre: "¿Dó es?" Dijo la gineta: "Aquí cerca deste río hay un gato religioso. Vayamos nos para él, que es homne que face oración e non face mal a ninguna bestia nin come ál fueras yerba". Dijo la liebre: "Pláceme". "E fuese la liebre con la gineta, e seguílos yo por ver qué les judgaría. Cuando el gato vido la liebre e la gineta asomar de alueñe, paróse en pie a orar; e maravillóse la liebre de lo que vido de su bondad e de su homildad, e llegáronse cerca dél, et non mucho de guisa que les non pudiese facer mal.

     Díjoles el gato: "Yo soy muy viejo e non oyo bien. Llegad vos a mí e oiré lo que decides, que non oyo, nin veo bien". Llegáronse a él e dijeron otra vez su razón. Dijo el gato: "Entendido he lo que dejistes, e quiero vos consejar lealmente ante; et mando vos que non demandés si non verdat, ca el que demanda verdat barata bien e va adelante, maguer que sea juicio contra él. Et el homne bueno non ha deste mundo ninguna cosa nin ningund poder nin ningund amigo, si non las buenas obras e non más. Et el homne entendido debe demandar la cosa que ha de turar e que le torne en pro del otro mundo. E que desprecie todo lo ál, ca el homne de buen seso por tal ha el haber como el caedizo que cae en el ojo, et las mugeres ajenas como las víboras, et lo que quiere para sí, quiere para los otros homnes. E non cesó de les pedricar e de se llegar a ellos e asolazarse con ellos, fasta que saltó en ellos ambos e los mató.

     "Et los búhos han en sí todas tachas malas, e lo más que reina en ellos es traición e falsedad; pues non querades facer lo reinar". Las aves dejáronse de aquel consejo que habían acordado, e oyeron e rescibieron lo que les dijo el cuervo, e non ficieron rey al búho que era elegido para lo ser. Dijo el búho al cuervo: "¡Cómo te has homiciado comigo muy mal, e non sé por qué razón! E sepas quel azadón corta el árbol, e renasce; e el espada taja la carne e quebranta el hueso, e sobresana e suéldase; et la llaga de la lengua nunca sana. E todo mal se puede amatar, ca el agua mata el fuego, et al tósigo válele el atriaca, e al dolorido válele el conorte, e al enamorado válele el departimiento, e la enemistad siempre arde en el corazón. Et tal enemistad es puesta entre vos los cuervos e nos, que nunca haberá fin mientra el mundo durare".

     "Et fuese el búho muy sañudo. Desí repintióse el cuervo por lo que le dijera además, e dijo: "Loco fuí en decir lo que dije, et non era yo el ave que más debía trabajarse en pleito del rey de las aves. Et por aventura otras aves vieron lo que yo vi, e sopieron lo que yo sope, e dejáronse de lo mostrar con miedo de lo que yo non temí, e parando mientes en lo que yo non paré, ca el homne entendido, maguer que se fíe por su fuerza e por su valentía e por su seso, non debe ganar enemistad afeuciándose en su seso e en su fuerza, así como el homne, maguer tenga la triaca e las melecinas, non debe beber la vedegambre a fucia dellas, ca la bondad es dicha de los que bien facen, e non de los que bien dicen; ca el que face el fecho, si le menguare el dicho, mostrar se ha su bondad a la prueba, e el que dice, maguer que bien diga, non gelo alaban si non le cumple con el fecho. Et yo fuí loco en atreverme a fablar en tan alta cosa non me consejando con ninguno, et yo sé que el que demanda consejo a los sesudos e a los homnes que sabe que lo desengañarán, fállase ende bien, e non puede errar, e loa su cima de su facienda. ¡Ay! ¿Cómo pudiera yo escusar esto que hoy gané, e esta tristeza en que só entrado?"

     "Et aquesta, señor, es la razón por que se levantó enemistad entre nos e los búhos". Dijo el rey: "Ya entendí esto, mas piensa en lo que nos es menester agora del acuerdo en que somos". Dijo el cuervo: "Ya sabes mi acuerdo en la lid cuál es e cómo la aborrezco; mas cuido que por arte podremos haber folgura desta laceria en que somos, ca mucho aína puede homne haber por arte lo que non puede haber por fuerza, así como ficieron los tres homnes que engañaron al religioso cuando le llevaron el ciervo que traía. Dijo el rey: "¿E cómo fue eso?"

 


 
 
 
Capítulo IX: Del gato e del mur
 

     Dijo el rey al filósofo: "Ya oí este ejemplo del homne rabinoso, qué es su cima. Pues dame agora ejemplo de los dos enemigos, cómo se ayudan el uno del otro a la hora de la cuita, e cómo se guardan". Dijo el filósofo: "Conviene al homne, cuando cayere en manos de sus enemigos, que pugne de haber amor con alguno dellos, e tomarlo por amigo, para vencer con él los otros enemigos; ca non puede ser que el amigo sea todavía amigo, nin el enemigo, enemigo. El amigo, cuando le facen pesar, tórnase enemigo, et el enemigo, cuando vee que le yace pro en su amigo, non finca en su enemistad, e tórnase amigo leal. Et el homne sabio, a la hora de la cuita, face amistad con sus enemigos, e al nescio ciérranse le todas las carreras, así que non sabe razón nin manera por do estuerza, fasta que peresce en nescedat.

     Et este es el ejemplo del mur e del gato, los cuales se libraron uno a otro". Dijo el rey: "¿Cómo fue eso?" Dijo el filósofo: "Dicen que en una tierra había un árbol muy grande, que llamaban vairod, et había al pie dél muchos vestíblos, e en sus ramas muchos nidos de aves. Et había a raíz deste árbol una cueva de un mur, que había nombre Vendo, et allí cerca del árbol había un gato, que había nombre Rabí. Et solían allí venir a menudo los venadores e venar aquellos venados et cazar las aves de cerca de aquel árbol. Así que un cazador armó sus lazos, e cayó y el gato. Et en esto el mur salió de su cueva, e andovo buscando qué comiese; e en reguardándose con todo esto, et catando a todas partes muy apercebido, vido al gato estar en los lazos, et fue muy alegre. Desí paró mientes empós desí, e vido un lirón que le vacía en celada, et cató a suso e vido un búho en un ramo del árbol que lo estaba aguardando por lo matar. Et temióse que si se tornase atrás que saltaría en él el lirón, et si se fuese a diestro o a siniestro que lo levaría el búho, et que si fuese adelante que lo prendería el gato; et dijo en su corazón: Debo me ayudar del seso e de las artes de guisa que estuerza deste peligro; ca los corazones de los sabios, mares son profundos, e con ellos saben qué ha entre desamparar se homne a muerte e entre trabajar se de escapar; et cuando son en el vicio non se aseguran de los durar la vida nin se desamparan en la tribulación e en la cuita. Et yo he pensado, e non fallo otra arte por que estuerza deste mal, si non pedir tregua al gato e ganar su amor. Ca él está en grant cuita, que lo non puede otro librar si non yo, et por ventura dar me ha el gato tregua por su pro, e yo otrosí escaparé por él deste mal a que só llegado".

     Desí llamó al gato e díjol: "¿Cómo estás?" Dijo el gato: "Ya vees tú cómo estó; pues ¿por qué preguntas?" Dijo el mur: "Non te mentiré, ca el mentir es cosa aborrescida; et por ventura bien querría yo que fueses en mayor estrechura, et que llegase el tiempo de la tu muerte. Mas es acaescido tanto de mal, que me non place por que estás así, et non es ninguno que mejor me pueda librar desto en que estó, e deste tan grant peligro en que estó, salvo tú; et tú otrosí, non hay ninguno que mejor te pueda librar desto en que estás, que yo. Ca yo estó en reguardo del lirón e del búho que me están aguardando, et yo estó flaco que me les non podré amparar. Et si tú me segurares de ti mesmo, e me fueres fiador de me librar de los otros que me tienen cercado, librar te he yo desto en que estás e estorcerás desta prisión. Et plégate desto, et ayúdame a librar a mí e a ti; ca así como yo quiero tu vida por razón de la mía, otrosí tú debes amar mi vida por razón de la tuya, así como escapan los homnes de la mar por las naves, e las naves escapan por los homnes, e así fío por Dios que escaparemos desta tribulación amos, ayudando nos".

     Et después que esto oyó decir el gato al mur, sopo que decía verdad, et díjole: "Verdad dices, e yo te guardaré esta merced por siempre, e habré de te lo galardonar". Et dijo el mur: "Déjame llegar a ti, ca el búho e el lirón, cuando nos vieren atreguados, tornar se han. Et cuando yo fuere seguro dellos, tajaré estos lazos en que yaces". Et fízolo así el gato, e asegurólo, e el mur llegóse a él.

     Et cuando el búho e el lirón vieron esto, tornáronse de aquel lugar. Et comenzó el mur a tajar la red nudo a nudo; et en veyendo el gato que non era acucioso en lo tajar, dubdó dél et díjole: "Amigo, ¿por qué non te apresuras en tajar la red? Por ventura que acabaste ya lo tuyo e eres seguro, por esto lo faces. Et si así es, non es fecho de homne justo. Et así como me yo apresuré en te librar, tú otrosí debes te femenciar en librar a mí. Et si te miembras de la enemistad antigua non lo debes facer; ca me has ya probado por bueno, que otro o mejor debe ser loado. E non debes parar mientes a la antigua malquerencia; ca los buenos non tienen mala voluntad, mas son gradescedores del bien fecho; e la merced, segunt ellos creen, amata los muchos pecados". Dijo el mur: "Los amigos son en dos maneras: el uno es amigo puro, e el otro es el que face amistad de otro en hora de cuita e de nescesidad. Onde el puro amigo debe amar al amigo más que a sí mesmo, e a sus parientes e a su haber; ca es leal por naturaleza. Et el otro, que se toma por hora de cuita, a las veces dura su amor e a las veces desfácese. Et por ende conviene al homne cuerdo que se guarde; ca el que pone amor con su enemigo e fía por él e non se guarda dél, será tal como el homne que come más de lo que debe e non lo sufre su estómago nin lo puede moler, e lazra con ello. Et yo he compartido mi obra, e fíncame un poco por facer; ca toda obra ha sazón e tiempo, et el que face la obra sin sazón e sin tiempo non se aprovecha de su fruto. Et yo tajar te he esta red un nudo empós otro, e dejaré un nudo por ser seguro de ti en guisa que le quiebres tú en tiempo que me non puedes alcanzar cuando salieres de la red". Et cuando amanesció veno y el cazador a aquel lugar; et el mur, cuando lo vido, comenzóse a esforzar a cortar lo que quedaba de la red, e cortólo; e subió el gato en el árbol, e entró el mur en su forado, e el cazador tomó su rede e fuese su carrera.

     Desí quiso el mur salir del forado e vido al gato e non se llegó a él. Et llamó lo el gato et díjole: "¿Por qué non te llegas a mí, el mi amigo que tan grand merced me feciste? Ca yo he grant sabor de facer galardonar el bien que me has fecho, et dar te he yo a comer el fruto de tu obra. Pues llégate a mí e non temas, ca non amo más a mí que a ti". Et juróle que le non buscaría mal. Dijo el mur: "El que non sabe traer su fecho con sus enemigos e con los amigos, face mal a sí e mátase. Et la enemistad e la amistad han lugar, do debe el entendido usar dellas segunt debe. Et el homne entendido non debe poner su amor con el homne que era su enemigo, si non fuere en hora de cuita; ca los fijos de las bestias siguen a sus madres mientre han de mamar dellas, et cuando las pueden escusar fuyen dellas, et el enemigo cuando se torna amigo por esperanza de algunt pro, después que lo acaba tórnase a su enemistad, así como face el agua cuando la escalienta el fuego, que si se parte del fuego tórnase a su friura. Et tú eres mi enemigo natural e tú a mí otro tal. Pues ¿cómo se endereszará amor entre nos? Et yo non sé para qué me hayas tú menester si non para comer me". Desí comenzó el mur a se reguardar del gato e a ser muy apercebido.

 


 
 
 
Capítulo XVII: Los gatos y el lobo
 

     Dijo el marido: Dicen que en una ribera de la mar había muchos lobos. Et había entre ellos uno que era más fuerte e más lozano e más glotón, et que menos se tenía por pagado de su estado. Et salió un día a venar por haber mejoría de los otros, et llegó a un monte donde había muchos vestíblos e muchas bestias salvages, et non habían salida nin carrera para otro lugar, et yacían y encerrados comiendo de aquellas yerbas e de aquellas frutas, e faciendo sus fijos. Et cuando vido el lobo que non había otra salida, fue cierto que sería muy vicioso e abondado, et moró y un tiempo. Et había en aquel monte muchos gatos, e eran fechos a comer las carnes de aquellas bestias, et habían un rey de sí.

     "Et ellos cuando vían que tamaño daño rescebían por la vecinidat del lobo, ayuntáronse et aconsejáronse en que manera folgarían de aquel lobo. Et había en aquellos gatos tres que habían mejoría de todos los otros e con quien se aconsejaban todos los otros. Et dijo el rey al primero dellos: "¿Qué paresce que debemos facer a este lobo que nos ha fecho tan gran daño en nuestro vito?" Et dijo el gato: "Non veo ál por bien si non sofrir e ser pagados de lo que la ventura face; ca non podríamos lidiar". Dijo el rey al segundo: "¿Qué consejo nos das tú?" Dijo el gato: "Tengo por bien que nos mudásemos deste monte e buscásemos otro, et quizá fallar lo híamos tan vicioso; ca si nos toviésemos por pagados con el relieve de la caza del lobo, faremos muy estrecha vida e peresceremos de fambre". Dijo el rey al tercero: "Et tú, ¿qué tienes por consejo?" Dijo: "Otra cosa". Dijo el rey: "¿E qué es?" Dijo: "Non tengo por consejo dejar nuestros lugares, nin tener nos por pagados deste estado en que vivimos, mientra que hobiéremos esperanza de ser más abondados, nin otrosí sofrir lo en que vevimos, nin fuir; mas tengo por seso e por consejo, si me tú quisieres creer, et los que contigo son, una cosa, por que fío en Dios que venceremos nuestro enemigo et tornaremos al mejor estado que nunca fuemos". Et dijo el rey: "¿Qué consejo es?"

     "Dijo él: "Tengo por consejo que paremos mientes al lobo, cuando cazare alguna bestia e la llevare por comer la, que lo sigamos tú e yo contigo, et pieza de los gatos que son conoscidos por fuertes e valientes e esforzados, sofridores, atrevidos, así como que imos buscar la relieve de lo que él come, ca es muy seguro de nos, et será engarrado de nos. Et cuando fuéremos cerca dél, saltaré yo en sus ojos, e quebrantar gelos he con mis uñas. Desí saltarán cada uno de los otros gatos, e pensarán del logar do trabaren, et non nos quitemos dél fasta que lo dejemos muerto; ca maguer que alguno de nos se pierda, el rey e los otros que quedaren cobro habrán de nos, sol que fuelguen deste lobo". Et ficieron lo así. Et en venando el lobo una bestia por comerla, et llegando la a una ribera saltó en él aquel que diera el consejo al rey, et quebrantó le los ojos con las uñas e cególo. Desí saltó en él el rey et tóvole la cola, con los dientes, et llegáronse cada uno de los otros e echaron mano dél, e non lo dejaron nin se partieron dél fasta que lo dejaron muerto.

     "Et yo non te di este ejemplo si non por que sepas que en la vecindat del zarapico habremos solaz e pro e esfuerzo". Et plogo a la fembra, como placía a su marido, la morada del zarapico con ellos. Et mudáronse las garzas et el zarapico a aquel lugar. Et ficieron ahí sus nidos. Et apartóse el zarapico con su nido del nido de las garzas, et hobieron grant sabor de aquel apartamiento en que eran, et mostrábanse unos a otros muy grande amor e grant solaz e grant honra; empero el amor que era de la fembra al zarapico era más verdadero e más firme, que non entre el zarapico e el marido, et fiaban unos por otros por el amor antiguo.

     Desí acaesció que se secó un río de los que caían en aquel piélago, et apocóse el pescado. Et el zarapico dijo en su corazón: "Maguer que es grant debdo de guardar homne los amigos e de amarlos, mayor derecho ha de guardar a sí mesmo; ca dicen que quien así mesmo non es leal, menos lo será a otro. Et quien non para mientes en sí, et non está presto antes que las ocasiones le vengan, cercar le pueden por ventura tantos de perdimientos que non se podrá dellos amparar. Et estas dos garzas que han comigo aparcería en este piélago facen me daño, en los peces, tanto que quizá con cuita habréme de tornar, como de cabo, a la mar; et yo só pagado deste lugar, et seráme fuerte cosa de me partir dél, pues es convenible; onde non veo más fuera matarlas, e folgaré sin ellas, e fincaré en este piélago sin aparcero e sin contendor; mas comenzaré primero en el marido, e guisar lo he con su fembra, ca ella es de flaco seso e fíase mucho en mí e créese por mí, et desque él muerto fuere, ligera cosa es de matar a ella; tanto fía por mí". Desí vénose el zarapico e la fembra muy cuidoso e muy triste, et dijo la fembra: "¿Qué has, porqué estás triste, mío amigo?" Dijo el zarapico: "Estó triste por las tribulaciones que corren en este mundo. ¿Viste nunca ninguno que estorciese de los pensamientos del mundo e de las mal andancias deste siglo, en sí o en sus amigos, et viste a alguno que esté a miedo que durase en alegría o en vicio porque hobiese de durar años?" Dijo la fembra: "Grant cosa es ésa por que tú estás triste". Dijo el zarapico: "Así es como tú dices, et non es por ál, si non por ti; mas si tú me creyeres e ficieres lo que yo dijere, por ventura desviaremos el mal que cuido e temo que te ha de acontescer. Dijo la fembra: "¿E qué es?"

     Dijo el zarapico: "Maguer que nos seamos de sendos linages, es tanto de amor que puso Dios entre nos, e tanto solaz, que es más que si fuésemos parientes caronales. Et en el parentesco acaesce a las veces tamaña enemistad e tamaña malquerencia, que es mayor daño que el espada tajante e el tósico mortal. Et dicen: "Quien non ha hermano non ha enemigo, et quien non ha parientes non le ha ninguno envidia". Et yo quiero te facer un poco de pesar por tu provecho, por mejorar tu estado, como quiera que lo tengas por fuerte cosa e por muy desaguisada; mas pienso en lo que me lo face decir. Et pienso en que las venturas que vienen a las criaturas en este mundo facen más que esto; onde quien es certero de la ventura desampárase a los mandamientos de Dios, et fuelga. E escúchame e guíate por mí, et non me demandes la razón de lo que te yo mandare facer, fasta que sea acabado".

     Dijo la fembra: "Tanto miedo me has puesto e tan grant espanto, que cuido que me sumirá la tierra. Et só placentera de perder mi alma por ti; ca dicen que quien su alma non desampara por su amigo para que le ayude a las cuitas, este tal, segunt Dios, es engañoso e falso". Dijo el zarapico: "Aconséjote que guises en como mates a tu marido, e folgarás dél; ca en matarlo será tu grant pro, et librarás a ti e a mí de una tentación que he pavor que nos averná, segunt que yo he barruntado en él, que nos tiene encubierta. Onde non me quieras preguntar nada, salvo facer lo que te aconsejo. Sepas que si non fuese por la grant pro que y ha, non me atrevería yo a tan grant cosa. Et bien te faría yo saber la razón por que te dé yo este consejo, si tú hobieses acabado lo que te yo mando facer. Et yo te buscaré después un marido de mis amigos los garzos, e escogerte he el que yo por mejor pudiere, e el que más face por mí, et el que de mejor voluntad vivirá conusco en este piélago, et te guardará et te honrará por mi amor. E tú eres muy sesuda e muy buena; et sepas que si tú non faces lo que te digo e non me creyeres, acaescer te ha lo que acaesció al mur que non quiso creer al gato que le consejaba lealmente". Dijo la garza: "¿Et cómo fue eso?"

 


 
 
 
Capítulo XVII: El ratón y el gato
 

     Dijo el zarapico: "Dicen que en una tierra había un religioso en una choza, e eran los homnes muy pagados de aquella choza e de le dar de sus comeres. E habían y muchos mures que le venían a comer su vito, e hubo el religioso un gato, e atólo en la choza por amortarlos e por matarlos dende. Et entre aquellos mures había un mur que era muy grande e muy fuerte, e más atrevido que todos, et cuando vido al religioso atar el gato en la choza, sopo que faría y él mal de morar con el gato, et llamólo e díjole: "Yo sé bien que el religioso non te tiene si non por matar a mí e a mis compañeros, et yo amo tu compañía e tu solaz e quiero haber tu amor por ser seguro de ti e de tu artería. Et moraré aquí con placer de ti, et prométote que te non encubra mi buen consejo nin el pro que te pueda facer". Dijo el gato: "Bien entiendo lo que dices, et por que tú hobiste sabor de mi amistad, yo te fago tal pleito que te yo non busque mal; empero non te quiero prometer lo que te non podré tener, ca el religioso me fizo fiel de su choza, e me compró por desmanar el daño que le facías, tú e tus compañeros, et yo nunca le seré traidor, contra lo que cree de mí. Onde es menester que busques por donde salgas a los campos o a otra morada de las que son aquí enderredor, si tú quisieres que sea yo tu amigo, ca ser lo he en otro lugar. Et si así non lo ficieres, non habrás de mí homenage nin seguranza, ca yo non podré estar que lealmente non sirva a mi señor en lo que me puso por guardar". Dijo el mur: "Yo te comencé a rogar e pedir por merced, e tú debes rescebir mi ruego, et non quieras que vaya sin tu amor".

     Dijo el gato: "Derecho es que yo resciba tu ruego, e facer lo que tú quisieres; mas ¿en cuál guisa lo faré? Ca vos todos los mures vos ayuntades contra mi señor, et él es muy sañudo contra todos vosotros; et si yo non le fuere leal en vos matar, temo que me matará. Onde te apercibo, e te aconsejo que te mudes desta casa, salvo e seguro para donde quisieres, et dote plazo de tres días a que busques buen lugar en que te acojas e donde mores. E yo ir te ver e requerir, e mostrar te he mi amor más que tú me pediste". Dijo el mur: "Fuerte cosa es dejar el homne su lugar; mas estarme he yo en mi forado, e guardar me he de ti cuanto pudiere". Et cuando fue otro día salió el mur del forado para buscar su vianda, e vido lo el gato, e non se le movió por non le falsar el plazo que le diera, et fue en esto el mur engañado, et salió muchas veces. Et cuando el tercero día fue pasado, estando el gato en celada, salió el mur a andar por la casa, e saltó el gato en él e matólo.

     Et yo non te di este ejemplo si non por que sepas que el homne entendido non debe refertar la palabra de su amigo leal, nin tener por dura la palabra del castigador; ca dicen que tal es la palabra del leal amigo, en cuanto la ha por dura el consejado, como la melecina amarga que tuelle al cuerpo la mala enfermedat. Et tú guárdate e non seas engañada en el amor que te muestra tu marido; ca si lo matares verás luego la folgura manifiestamente e habrías mejor marido con que mejor placer hobieses". Et cuando oyó la fembra lo que le dijo el zarapico, hubo muy grant pavor; empero prísole gana del marido nuevo que le prometiera, et dijo: "Entendido he lo que tú dejiste, et non te sospecho en nada, e lo que tengo en corazón de amor contra ti me muestra el amor que tú me has, ca yo sé bien que tú non me aconsejarías tan desabridamente e tan esquiva si non con amor e con lealtad que me has. Et si fuese esto que me consejas cosa tal de que hobieses mayor pro de ti solo sin mí, debíalo facer por tu amor e seguirme en tu voluntad, cuanto más seyendo cosa en que yo he parte. Mas ¿con qué guisa podré yo matar a mi marido e con qué podré con él?"

     Dijo el zarapico: "Yo te mostraré una arte tal, que si la ficieres recabdarás lo que quisieres". E dijo la fembra: "¿Cuál es?" Dijo el zarapico: "Yo sé en Fulán lugar un piélago do hay muchos peces, e andan ahí muchos pescadores. Et cuando pescan algunt pece grande toman una estaca e espetan lo en ella desde la cabeza fasta la cola. Et tú vete a aquel lugar, e toma uno de aquellos peces que así vieres, e tráelo al marido e dágelo a tragar, et cuando lo tragare, atravesar se le ha el estaca en la garganta e morrá". Et fizo la fembra cuanto le aconsejó el zarapico, e voló et fuese allí donde los pescadores andaban, e tomó un pece de aquellos espetados, e adujo gelo et puso lo cerca del maslo su marido. Et él tragólo, et rompióle el palo la garganta, e murió. Et fincaron el zarapico e la fembra en uno algunos días, et él mostrábale grande amor e facíale grande honra.

     Desí demandó ella al zarapico el marido que le prometiera, et él voló e fuese a un árbol que era y cerca, et falló un lobo cerval que buscaba qué comiese, et llamólo e díjole: "Cuitado, ¿qué has e qué es lo que quieres?" Dijo el lobo: "Busco de comer". Dijo el zarapico: "Yo he una amiga de las garzas, la más gorda que ser puede, e quiero la engañar de guisa que te la traiga a la cueva, ca es de Fulán lugar. Pues vete a aquella cueva e estáte y en celada, et cuando llegare la garza allá, salta en ella e mátala". Et fizo así el lobo cerval, e fuese para la cueva e metióse en celada.

     Et tornóse el zarapico a la fembra e díjole: "Fue a un garzo que es mucho mi amigo en Fulán lugar, et díjele de ti cuánt fermosa eres, e cuánt enseñada, e cuánt complida, e del amor que has comigo, e del lugar en que somos, e de cómo has menester marido; et rogóme que te llevase a él, que te quería ver. E vayamos para él". Et ella acordóse con él, e volaron amos e llegaron a aquel lugar. E dijo el zarapico a la fembra: "En aquella cueva yace, et si agora non es ahí, luego verná". Et ella, con deseo del marido, fuese luego para aquel lugar. Et el lobo que yacía en celada saltó en ella detrás de una peña do estaba, et levóla en la boca e matóla.

     Et este es el ejemplo del que se fía por el aparcero falso, que se non debe fiar, cómo peresce".

 
 

 
 

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