RAFAEL MUÑOZ (1942)
Madrid (España).


Acerca de Rafael Muñoz:

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     Rafael Muñoz Pérez nació en Madrid (España) el 24 de enero de 1942. Trasladado a Barcelona en ese mismo año, reside en la Ciudad Condal desde entonces. Es aficionado a los caballos, a los perros, a los gatos, a los pájaros y también a las hormigas, y con todos ellos suele mantener relaciones amistosas. Asegura que excepto un caballo, que un día le lanzó un bocado cuando le estaba intentando acariciar, ningún perro ni gato, ni por supuesto ningún pájaro le ha mordido nunca, y que le siguen agradando los caballos, pues entiende que aquel caballo, sencillamente, ese día no estuvo acertado.

     Durante su vida se ha desempeñado en mil empleos distintos, desde botones en un  hotel de lujo hasta dirigir, como gerente, una

 

compañía de envases y embalajes y complejos especiales. Cuando era botones fue él quien entregó a don Camilo José Cela, Premio Nobel español al cabo de unos años, el telegrama dónde se anunciaba a don Camilo el ingreso en la Real Academia. Don Camilo era en aquel tiempo muy joven, muy alto, muy delgado y contaba con una buena barba. Rafael Muñoz también era muy alto y muy delgado, pero a sus quince años, para nada era barbudo. Desde entonces mantiene relaciones amistosas con don Camilo, y cree que este hecho marcó su vida en la literatura para siempre.

     Ha sido oficinista, extra de cine y actor de televisión. Trabajó al lado de reconocidos actores y actuó como doble de Arturo Fernández en una película, durante la cual se hizo acreedor de las iras de ese actor al llevarse, detrás de él, a todas las jovencitas del pueblo pidiéndole autógrafos, ya que estimaron que preferían al doble más que al verdadero. Fue vendedor de electrodomésticos, de libros, de artículos de cuero, de terrenos, de bolsas de plástico y, naturalmente, todo ello en épocas distintas. Posteriormente, después de haber sentado algo la cabeza (expresión vulgar donde las haya, pero qué le vamos a hacer) y durante largos años, trabajó como Director de Producción en diversas empresas, creando e inventando sistemas de producción y diseñando máquinas especiales. Durante todos esos años, casi toda su vida y según su opinión, disfrutó como un enano, expresión también vulgar y que significa, sin mas, que lo pasó muy bien. También disfrutó, más tarde, trabajando como consultor en una consultoría empresarial, en el área de Organización de la Producción, utilizando y aprovechando, para las empresas que contrataban esos servicios, todos los conocimientos adquiridos en sus experiencias anteriores. Durante una época de su vida ostentó el cargo de vicepresidente del Gremio de Artes Gráficas de Catalunya, en el ramo de Complejos y Papeles especiales.

     Le gusta ser independiente y no tener que depender de nada ni de nadie. Le gusta pescar con caña y siempre devuelve al mar los peces que no tienen un tamaño adecuado, lo que significa que todos los peces que pesca los devuelve al mar. Muy inquieto, le gusta trastear con su escáner las fotos que hace con su Nikon y las retoca hasta el infinito. Y le gusta escribir en su ordenador las mil y una anécdotas que ofrece, o puede ofrecer, la vida. Ha viajado por España y por Europa todo lo que ha podido, y ha leído todo lo que ha llegado a caer en sus manos o ante su vista, incluyendo letreros, servilletas impresas, instrucciones de envases varios, manuales de vídeo y también recetas de jarabes para la tos.

     Dice ser alérgico a la aspirina pero que, a pesar de ello, los alemanes le caen muy bien. Actualmente, está dedicado plenamente a escribir todo lo que en su azarosa vida ha llegado a poder contemplar, o simplemente a ver, y persiste en su empeño de descifrar las misteriosas instrucciones de los vídeos, ya que, sorprendentemente, se le han resistido pertinazmente y no lo ha logrado nunca. Dice que, cuando lo consiga, podrá al fin “ver la luz” y terminar la novela que siempre tiene en preparación; considera que, entonces, estará “dispuesto” para publicar un best seller. Y mientras tanto, la vida sigue y él escribe y escribe, y continuará escribiendo …

     Si desean saber algo más, no se corten ¡pregúntenselo!

 

 

© Rafael Muñoz, una página personalísima

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LA "MARCA" DEL GATO (2001):

 
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La "marca" del gato

 

     El felino trepaba por el edificio, dejando marcadas en la fachada las huellas de sus fuertes y duras uñas. De repente, potentes reflectores iluminaron la noche.

     - ¡Ya lo tenemos! ¡Lo hemos atrapado por fin! Así gritaban las cincuenta mil gargantas, pertenecientes a los policías y bomberos de la Ciudad, congregados al pie del edificio, llegando a oírse sus voces hasta en el último rincón de la Población. Gritaban, alborozados, por creer que habían conseguido sorprender a aquel gato, siempre huidizo, y que por las noches trepaba por los edificios, burlándose de las ordenanzas y de todos y estropeando las fachadas con sus garras.

     La multitud invadía las calles; muchos vecinos habían bajado en pijama, presurosos, para no perderse nada del espectáculo prometido y esperado. Los bomberos se aprestaron a lanzar, a alta presión, grandes chorros de agua con sus potentes mangueras, dirigidas hacia el felino.

     Los policías, mientras tanto, disfrutaban esperando ver caer al odiado gato, para apresarlo y hacerle pagar muy caro sus enfrentamientos y osadías. El gato no se sorprendió por la persecución, al contrario: estaba esperándola desde hacía mucho tiempo, la esperaba y la necesitaba para sentirse importante, para seguir sabiendo que él era el mejor. También sabía que aquello era un enfrentamiento en toda regla, de “poder a poder”. Desde lo más alto, desde la última cornisa que había logrado alcanzar, levantó su cola; lo hizo lenta, majestuosamente, y orientando su trasero hacía abajo, expelió  un potente y largo chorro "made in gatuno" con toda la maestría de que era capaz. La gran sonrisa de felino astuto que iluminó sus facciones al ver que, como siempre, su puntería había sido certera, contrastó con las maldiciones que vomitaban los que se encontraban abajo, recibiendo esa especie de lluvia pestilente, recibiendo “la marca del gato”.

     Los cincuenta mil policías y bomberos marcados, chorreando y llenos de ira por la nueva burla de su odiado enemigo, le imprecaron y protestaron, desesperados e impotentes.

     El gato, muy satisfecho, con un último impulso grácil y elegante, saltó hacia arriba, hacia el tejado, y pudo vérsele allí, quieto, con su rabo erguido, dominando la Ciudad desde las alturas, recortada su imponente figura, silueta de porte impecable, en el cielo alumbrado por la luna; eso duró unos instantes, desapareciendo el gato a continuación, con su acostumbrada majestuosidad, a través de la noche.

     Mientras aún resonaban las maldiciones de los policías, sobresalió por encima de todas ellas un largo y potente ¡MAUUUUU! que electrizó el ambiente húmedo de la calle. Y la multitud y los servidores públicos, cabizbajos y mojados, se retiraron apesadumbrados, dándose cuenta de que, una vez más, habían sido burlados y vencidos por el gato.

 


 

 
 
 
MÍNIMA HISTORIA DE UNA MININA: KIMSA, MI PRINCESA (2002):
 
 
Kimsa, mi princesa
 

     Tengo una gata y también tengo la manía, desde hace tiempo, de que mi gata no es lo que parece. Estoy convencido de que bajo su personalidad de gata, oculta la de un ser superior. Es capaz de transmitirme sus más mínimos deseos, y si yo dudo ante lo que me pide y me quedo dubitativo, me mira y entrecierra sus ojos lánguidamente, como queriendo decirme: si tú no me lo das ¿quién lo hará? Siempre acaba convenciéndome, la muy lagarta.                 

     Conoce mis pensamientos y sabe los movimientos que voy a hacer antes de que yo mismo lo sepa. Seguro estoy de que los gatos leen perfectamente lo que pensamos las personas. Su nombre es Kimshasha, aunque yo la llamo Kimsa, y es de raza Común Europea. Predomina en ella el color gris, pero tiene unas bonitas rayas por todo su cuerpo con muchos matices de colores, blanco, negro, rayas de distintos grises y también de color naranja. Es sorda de nacimiento, pero es tan intuitiva que nadie aprecia su sordera. Cuando yo no sé por dónde anda, y quiero saberlo, la llamo golpeando ligeramente en el suelo con mi pie y aparece al momento. Es larga, estilizada, pero de anchas y potentes caderas. Tiene unos ojos preciosos verdes muy expresivos con largas pestañas que sabe mover con estudiada coquetería, y al caminar se mueve tan felinamente, que parece una pequeña tigresa.

      Hace varias noches que, en lo mejor de mi sueño, Kimsa sube silenciosamente a mi cama y se acurruca entre mis brazos, colocando su pequeña cabecita en mi hombro. Entonces, empieza a ronronear suavemente como si me cantase una nana con dulzura, por lo bajito, única y exclusivamente para mi. Tiene ahora cinco años y nunca me había hecho algo parecido. Por su edad ya va para solterona, así que es muy posible que haya decidido evitarlo haciéndome arrumacos,  tratando de conquistarme.

      Yo no creo en cuentos para niños ni en cuentos de hadas, que ya no tengo edad para creer en cuentos. Sin embargo, se me ocurre que esta gata tan ladina y tan coqueta bien pudiera ser una princesa encantada, pues  dicen que, en las leyendas que conocemos, siempre existe algo de verdad. Fue esta noche pasada cuando, al notar de nuevo su cálido cuerpecillo junto al mío, apoyada su cabecita en mi hombro, rozando y haciéndome cosquillas en la mejilla con sus bigotes de pequeña tigresa, ronroneándome dulcemente al oído, no pude resistirme a sus encantos. Deseé ser un príncipe, como el príncipe del cuento que da un beso a la ranita encantada, y la ranita, con el beso, recobra su forma natural convirtiéndose en una bella princesa. No perdía ninguna cosa probando, pensé. Ladeando mi cabeza, la incliné más hacia mi gata; le di un pequeño y suave beso debajo de su pequeño morrito húmedo y cálido, directamente en sus labios, y esperé a que ocurriese algo.

      Lo que sucedió fue que, Kimsa, mi princesa, se estiró mimosamente, restregó con dulzura su cabecita en mi hombro y me ronroneó al oído más fuertemente que nunca.

 

Kimsa, la princesa de Rafael Muñoz

 

 
 

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