|
Baudelaire está considerado como uno de los más grandes poetas
del siglo XIX, por la originalidad de su concepción y la
perfección de la forma. Es sin duda el poeta de la modernidad
francesa. Más que ningún otro de su tiempo, representa al
poeta de la civilización urbana contemporánea.
Con él la poesía empieza a liberarse de las ataduras
tradicionales y despliega nuevos conceptos de creación poética,
iniciando una fase diferente, que llega hasta nuestros días.
La literatura francesa se hallaba en el segundo cuarto del siglo
XIX, en un momento de transición todavía presidida por la
gigantesca figura de Víctor Hugo, uno de los grandes románticos,
aunque junto a él se desarrollaba una nueva tendencia, cuyo máximo
representante era el poeta Leconte de Lisle (1818-1894), el guía
del circulo parnasiano, cuya influencia sobre Baudelaire fue
notable. La antología El Parnaso, publicada por el
editor Lemerre en 1866, que da el nombre al grupo de poetas de
Leconte de Lisle, contiene algunos de los poemas de Las
Flores del Mal.
La originalidad de Baudelaire, sin embargo, le hace merecedor de
un lugar al margen de las escuelas literarias dominantes en su
época, ya que es él quien inicia el abandono de las formas poéticas
hasta entonces predominantes. Las tendencias que inauguró
Baudelaire pueden resumirse en el criterio de la depuración del
sentido poético, en el misterio de los conflictos íntimos o en
la angustia de la búsqueda de combinaciones de fenómenos sicológicos
que desembocan en una expresión poética cargada de
significaciones múltiples y llena de infinitas sugerencias. En
particular, rompe la diferencia entre la poesía y la prosa con
sus "Pequeños poemas en prosa", verdadera
revolución en las formas líricas que ni siquiera Verlaine ni
Rimbaud supieron valorar.
Baudelaire reacciona contra el romanticismo. Él no admite la
inspiración, ni la imaginación, ni la improvisación. En este
aspecto, como en otros, es un clasicista. La poesía es un
ejercicio, un esfuerzo, un trabajo sistemático, equivalente al
de un paciente artesano volcado permanentemente en pulir sus
versos. Su obra es un esfuerzo por desembarazar la poesía de
todo ornamento vano y una proyección para alcanzar el ideal de
la pureza poética, prestando especial atención a la métrica y
a los aspectos formales. Poseía un sentido clásico de la
forma, una extraordinaria habilidad para encontrar la palabra
perfecta y un gran talento musical.
La obra de Baudelaire ha dejado un aporte positivo, paradigma de
verdad poética, de selección estética, de culto de la expresión
simbólica, y de rigurosa elaboración de la palabra en cuanto
vehículo depurado de la expresión literaria, que equivale a
superación de la dicción elocuente y retórica.
El poeta parisino representa la reivindicación lírica de la
palabra, una técnica depurada en la elaboración de las imágenes
y el rigor estético de la composición que habría de tener una
proyección futura incalculable. Se extinguía una concepción
del arte poético desprestigiada por la degeneración del
romanticismo, advertible en el desborde confidencial y
sentimental, o en la poesía descriptiva y penetrada de la
elocuencia bastarda, con ausencia de rigor formal y de selección
estética.
Un contenido de nueva creación y de angustiosa originalidad
emergía de los poemas de Baudelaire, palpitantes de tragedia íntima
y de nuevos acercamientos a la vida. El poeta pule un nuevo
universo lírico, la sinestesia, una combinación de imágenes y
sensaciones desajustadas de su normal producción en la
naturaleza. La audición coloreada, la visualidad audible o
multitud de otras combinaciones de sensaciones provenientes de
todos los sentidos, se reunían, como diría el propio
Baudelaire, en "una metamorfosis mística de todos mis
sentidos fundidos en uno solo".
Una nueva concepción de la palabra se inaugura entonces. Si
para el lenguaje común la palabra sigue siendo expresión de la
cosa o de la idea, en el poeta ese valor de significación se
transforma en un valor sugerencial, gracias al juego de
combinaciones que el arte hace posible con sonidos y sensaciones
inesperadas que brotan de las palabras. Todo ello pudo ser
vislumbrado por los grandes exponentes de la poesía anterior,
pero sólo empieza a adquirir una sugestiva formulación y un
culto intensivo a partir de Baudelaire. Por ello podría
afirmarse que hemos llegado a la apertura de una nueva compuerta
de realizaciones artísticas que significarán a la larga la
transformación de la poesía.
En su estética literaria Baudelaire proponía la desaparición
del yo en el poema, es decir, la sustitución de la presencia
personal del autor por la pura lógica interna de la obra regida
según su ley compositiva. A partir de Baudelaire ya no se
hablará más del poeta sino de la poesía misma. Es una estética
dominada por el esencialismo, la concepción de un arte
literario depurado de prosaísmos y estímulos de circunstancias
extrañas a la función creadora. A ello se sumaron sus
creaciones de técnica y la rigidez gramatical.
Su gusto por la sinestesia también proviene del misticismo, el
ocultismo y el sincretismo. Las sensaciones nos revelan lo
oculto. La unidad de la naturaleza se demuestra en que a cada
olor le corresponde un sonido y un color. El soneto "Correspondencias"
contiene toda la teoría sinestésica que, aunque
inconscientemente practicada por los grandes exponentes de la
poesía universal, van a desarrollar los parnasianos y
simbolistas de la segunda mitad del XIX.
No cabe duda de que Baudelaire escribió algunos de los poemas más
sugestivos de la literatura francesa, hasta el punto de que
algunos como "Correspondencias", contenían un
mensaje de estética renovadora que habrían de asimilar los
poetas parnasianos y simbolistas. El famoso soneto de "Las
vocales" de Arthur Rimbaud y las formulaciones estéticas
y técnicas de Mallarmé, el promotor de toda la nueva poesía
hasta nuestro tiempo, tomaron su raíz en la teoría de la
imagen poética esbozada por Baudelaire
Un
ensayo sobre Ch.Baudelaire aquí,
de dónde procede este texto.
|
*
Charles Baudelaire, en dos autoretratos. |
|