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La anatomía del gato revela las excelentes capacidades físicas de este mamífero cazador. Flexible, ligero, rápido y musculoso, es también un animal frágil y poco resistente. Los gatos son cazadores carnívoros, función para la que están perfectamente adaptados, y no son, anatómicamente hablando, muy diferentes de los leones africanos. En comparación con la especie canina, los gatos manifiestan una menor diferenciación entre razas, reconociéndose principalmente dos grandes tipos: cuerpos largos (tipo oriental) y cuerpos cortos (tipo cobby); las diferencias más visibles entre las distintas razas vienen en función del tipo y color del pelo (largo, corto, rizado, sin pelo, etc.). Excepciones al margen, la mayoría de gatos pesan entre 2,5 y 5,5 Kg.
El esqueleto del gato, formado por un total de 230 huesos (si se incluyen los huesos supranumerarios, puede llegar a tener entre 279 y 282 huesos), es particularmente flexible y ligero, lo que le convierte en un atleta particularmente dotado. Los gatos caminan sobre sus dedos, alargando sus miembros. La clavícula (hueso situado entre las patas delanteras) dispone de un pequeño cartílago que les permite estirar fácilmente las patas delanteras. Se trata de un esqueleto muy flexible, con articulaciones dotadas de una capacidad de rotación muy elevada. Esta capacidad de rotación le permite girar las patas casi por completo, con un mínimo riesgo de fractura o luxación. La cola, por el mismo motivo, adopta prácticamente cualquier posición.
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